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Domingo, 14 de mayo de 2017

El año pasado el índice Colcap retornó 18%, gran parte como recuperación de un muy difícil 2015 (-23%), otra parte por el rebote del petróleo (+41%) y un muy buen pedazo por la recuperación de los mercados emergentes, en general, y el brasilero en particular (+39%).

Esto último es relevante en la medida en que para el mundo, las bolsas latinoamericanas son  un apéndice de Brasil, un mercado que tiene ocho veces el tamaño del colombiano, cuatro veces el chileno y dos veces el mexicano. Así que para donde se dirige Brasil, nosotros tarde o temprano los acompañamos. 

Eso es bueno ya que el Bovespa sigue subiendo este año con un 8%. Pero es mucho mejor en la medida en que los resultados cariocas del año pasado se consiguieron cuando su PIB decreció 3,6%, confirmando algo que muchos estudios han repetido: los mejores años de las bolsas se dan durante los pisos de crecimiento económico. En Colombia, esto significa que quienes hoy compran nuestras acciones no están pensando en la caída en utilidades actual, sino en el rebote del PIB 2018 proyectado en 2,8%.

No obstante, ahí no terminan los regalos de la desaceleración. En países emergentes como Colombia, Brasil y Chile, no existe una sustitución entre bonos y acciones. La gente no compra uno para vender al otro; los primeros no son mucho más seguros que los segundos y ambos tienden a ser muy rentables al tiempo. Por lo tanto en una desaceleración que obliga a bajar las tasas de interés, tanto bonos como acciones se vuelven el foco de atención de los inversionistas. 

Esto de hecho es lo que más ha faltado en Colombia recientemente. Mientras ambos se valorizaron alrededor de 17% en 2016, este año el índice de acciones Colcap está por debajo del  Coltes de largo plazo (7,13%). Esto, sumado al rezago frente a las bolsas de la región, implicaría que Colombia aún tiene espacio para crecer.

¿Y cuándo vamos a hablar de todos los Trumps, LePenns, Coreas, Opeps y Feds del mundo? La situación global sigue siendo volátil y en este contexto opinamos que el mejor momento para que nuestra bolsa recorte distancias es hasta mediado de agosto y septiembre. Dentro de los detonantes positivos en el camino tendremos la defensa del petróleo por parte de la Opep (25 de mayo), la caída en la inflación colombiana que continuará soportando la demanda de bonos locales hasta finales de julio y los fuertes flujos de compra que se reciben cada año en septiembre gracias al cambio en los portafolios de cesantías de corto a largo plazo. 

El riesgo visible de esta predicción es principalmente un fallo en el acuerdo Opep que lleve al petróleo de nuevo por debajo de los US$40 por barril.