Jueves, 30 de julio de 2015

Entre ellos se cuentan la implementación de lineamientos técnico-estratégicos  del Reglamento Sanitario Internacional, particularmente, en la respuesta y control de  eventos de importancia en salud pública como el Chikungunya, y la visibilización del país como centro de referencia para este tema.

Igualmente, se han fortalecido competencias territoriales e institucionales en la prevención de riesgo de introducción del Ébola y otros virus al país, reconocido, además, como Campeón Regional en Lucha contra la Malaria, gracias a las acciones de control de esta enfermedad con participación comunitaria.

Durante el último año se ha trabajado con el Ministerio de Salud en el desarrollo del plan de acción de enfermedades desatendidas, movilizando recursos para la corrección de Triquiasis Tracomatosa – una infección ocular que ha causado discapacidad visual a unos 1,8 millones de personas en el mundo, de las cuales 500 000 tienen ceguera irreversible – con población indígena en Vaupés.  

Y qué decir del Programa Ampliado de Inmunizaciones que obtuvo la certificación internacional de eliminación del Sarampión, Rubéola y Síndrome de Rubéola Congénita. El PAI ha incluido nuevas vacunas y tecnologías, contribuyendo a la prevención de enfermedades  transmisibles en toda la población, en especial, niños y mujeres embarazadas. Esto se traduce en la reducción en la mortalidad y las brechas de inequidad, aumento de cobertura y facilidad en acceso a estos servicios. Los esfuerzos en mejorar la accesibilidad y asequibilidad a medicamentos también son relevantes.

En materia de seguridad materna, el desarrollo del sistema de vigilancia de la mortalidad constituye un logro y a su vez un reto por la necesidad de fortalecer la implementación nacional para decisiones y formulación de política pública.

Ahora bien. Si hablamos de retos es necesario fortalecer las capacidades de planeación y desarrollo de una estrategia de movilización social en salud para la implementación del Plan Decenal de Salud Pública en los territorios junto con el monitoreo y seguimiento en regiones para focalizar a poblaciones vulnerables. Y, sin duda, uno de los desafíos más importantes: la adaptación de programas y estrategias de salud pública para su implementación en un escenario de postconflicto.