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lunes, 27 de octubre de 2014

Tal como sucedió en las semanas anteriores, las ventas derivaron, en gran parte, de los temores en torno al crecimiento económico (o a su ausencia). En conformidad con lo sucedido en los últimos meses, gran parte de la preocupación sigue enfocada en Europa. La semana pasada, se arrojaron más indicios de la desaceleración en la eurozona cuando el Ministerio de Economía alemán redujo sus predicciones de crecimiento para el 2014 y el 2015.

Si bien Europa es el centro de atención, el miedo al crecimiento no se limita a este continente. Los inversionistas siguen preocupados por el alcance y las consecuencias del brote del ébola. Ni siquiera los Estados Unidos son inmunes a la amenaza del crecimiento lento. 

Los datos sobre ventas minoristas correspondientes al mes de septiembre, que se publicaron la semana pasada, muestran que han disminuido inesperadamente las ventas en un 0,6%. La caída se dio prácticamente de manera generalizada en numerosas categorías (aunque cabe hacer notar que hubo otros datos sólidos, específicamente aquellos acerca de la producción industrial y las solicitudes de seguro de desempleo).

Más allá del ritmo de crecimiento, los inversionistas demuestran un justificado nerviosismo en torno a la inflación o, más precisamente, a la ausencia de ella. Si bien la inflación en niveles bajos suele ser un factor positivo, cuando esta se convierte en deflación, las empresas pierden la capacidad para fijar precios, las deudas se vuelven aún más insostenibles y, tal como Japón lo ha demostrado durante los últimos 20 años, los bancos centrales encuentran dificultades a la hora de aumentar los precios.

Si bien la mayoría de las inquietudes deflacionarias se centran en Europa, donde la inflación es de apenas un 0,3%, las cifras recientes sugieren que estos niveles de inflación inusualmente bajos constituyen un fenómeno global. 

La semana pasada fue testigo de una caída en la inflación del Reino Unido a su nivel más bajo en cinco años, así como de cifras débiles en los precios al consumidor de China. Incluso la inflación de los Estados Unidos permanece mitigada, con una inesperada caída de los precios al productor en septiembre, la primera en un año.

La baja en la inflación ha llevado a una consiguiente disminución en las expectativas de inflación. Las tasas de equilibrio en los valores protegidos contra la inflación (Treasury Inflation Protected Securities, TIPS) del Tesoro de los Estados Unidos ahora sugieren que los inversionistas prevén una inflación de alrededor del 1,90% para la próxima década, un porcentaje inferior al 2,30% que se esperaba a principios de agosto. Esta caída explica toda la reducción de los rendimientos de las letras del Tesoro que se dio durante este mismo período.

Lo bueno es que, a pesar de la venta masiva en el mercado bursátil, los inversionistas no parecen estar cediendo al pánico. Los productos globales negociables en bolsa registraron flujos entrantes de $10.900 millones la semana pasada. Es cierto que los inversionistas vendieron las acciones de mayor riesgo, tanto de los mercados europeos como de los mercados emergentes, mientras seguían comprando letras del Tesoro; no obstante, no todos los flujos se vieron definidos por la aversión al riesgo. Recolectaron activos las acciones de compañías estadounidenses de alta y baja capitalización.

Seguimos creyendo que la reciente venta masiva constituye una corrección en medio del ciclo y, por consiguiente, mantendríamos la exposición a los mercados de renta variable globales. En todo caso, la reciente caída en las tasas de interés, junto con la reducción en la tasación de las acciones, hace que la clase de activos resulte más atractiva en cuanto ofrece mejores perspectivas de rendimiento a largo plazo que los bonos.

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