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Martes, 9 de mayo de 2017

En los circuitos y laboratorios de la F1 también se desarrollan los avanzados sistemas de transformación de energía cinética, Kers (kinetic energy recovery system), que convierten el calor producido por la gestión de los frenos y el motor en más energía de desplazamiento; en fin, hay una muy larga lista de progresos técnicos, que incluyen mejoras en la seguridad y que tienen como único objetivo ganar milésimas de segundos al cronómetro digital.

La exigencia deportiva en estos niveles, donde cada equipo maneja una línea técnica diferente y por ello son muy celosos en detallar sus progresos, solo se justifica si esos avances pueden ser aplicados luego en los vehículos de serie, como efectivamente pasa con las marcas que aceptan este reto. 

Hay escuderías como Ferrari, McLaren y Williams que basan su actividad económica en tales desarrollos técnicos, los cuales patentan y venden a las empresas de la industria automotriz. Otros actores de la F1, como Mercedes-Benz, usan sus propios equipos como banco experimental, lo que les permite lograr una ventaja tecnológica en el mercado, comprobada contra el cronómetro y ratificada con los títulos de pilotos y de constructores que ostentan. Por ejemplo, los vehículos Mercedes-Benz evidencian la capitalización de esos progresos al ofrecer carrocerías más resistentes y con estructuras de deformación programada que protegen a los ocupantes; así, buena parte del precio que se paga por estos modelos de alta gama se justifica por los avances en seguridad que han sido suficientemente probados en las pistas.

El alma del Mercedes W 08 de F1 es su motor de combustión interna de 1,6 litros, turboalimentado y de inyección directa, que resulta muy similar a los propulsores que usan los sedanes de serie de la marca con estrella. Otra muestra del avance tecnológico que ha logrado M-B es su refinado C350 e (próximamente en Colombia), una berlina híbrida enchufable que combina el motor de combustión interna con la energía de una batería de iones de litio. En este caso, la prohibición del reabastecimiento de combustible en las competencias ha obligado a ampliar al máximo la autonomía del motor tradicional, lo que en los autos de calle se traduce en mayor economía de consumo y menos niveles de contaminación.

La lucha en las pistas también hace que piezas y componentes sean cada vez más compactos y con más asistencias electrónicas; en ese sentido, por ejemplo, las cajas de cambios de los monoplazas y, por extensión, las de los autos de serie, son ahora más pequeñas, ofrecen una respuesta más rápida y son más confortables. 

Cuando se aprecia con detalle cada monoplaza de la F1 en la primera carrera de la temporada y luego se compara con el que compite en la última, se pueden advertir cambios significativos en algunas de las casi 60.000 piezas que lo conforman, lo que evidencia el ritmo de progreso de la categoría y es el resultado del trabajo de 24 horas en túneles de viento y laboratorios técnicos dedicados a lograr mayor desempeño y confiabilidad. Justamente, estos son algunos de los aspectos técnicos que hacen la diferencia entre quienes compiten en la F1, en donde solo las marcas más avanzadas, como Mercedes-Benz, pueden aceptar el reto y a partir de refinar al máximo esas diferencias se pueden dar el lujo de proclamarse campeones.