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miércoles, 24 de junio de 2015

Durante la última semana de mayo fueron decretadas las Zonas Operativas de Defensa Integral Marítima e Insular del país vecino (Zodimain), con objeto de “conducir operaciones para la defensa”. El Decreto 1787 (2015), originador de ellas, destaca que la Zodimain Occidental entrega derechos a Venezuela sobre áreas fronterizas que durante años han estado en disputa por los dos países. A la fecha el diferendo existe y, desde el Derecho Internacional, no es posible que se asigne el control a ninguno de los dos gobiernos. Por tanto, el decreto emitido por Venezuela no es sólo inválido sino además provocador de una tensa situación, pues legisla sobre lo que no está determinado internacionalmente entre ambos Estados.

Actualmente, a sabiendas de los acercamientos y logros alcanzados entre los gabinetes de los presidentes Hugo Chávez y Álvaro Uribe frente al tema, se desconocen radicalmente las pretensiones de Colombia y se ordena que las aguas en disputa sean “patrulladas” por la marina venezolana hasta que no se oficialice la línea de frontera (asunto que puede tardar décadas). Si bien esto aparece motivado por otro alegato que Venezuela tiene con Guyana, Colombia no puede permitir que los mandatos tiránicos de  Nicolás Maduro se sigan presentando. Ante la emisión del Decreto el aparato diplomático tiene que mantenerse firme. La nota de protesta enviada tiene que ser reforzada por todo un ejercicio de exigencias, no sólo diplomáticas sino políticas.

Por ejemplo, la reacción veloz, directa y enérgica dada por algunos representantes y senadores colombianos ha de ser un ejemplo para otros actores que permanecen pasivos ante cada paso que se sugiere desde el país vecino para afectar la posición de Colombia. Ya está bien de tanta pasividad y ejercicio diplomático ante un gobierno que, como el venezolano, se nutre de la afectación a los intereses colombianos para apaciguar los ánimos internos y ocultar la realidad de una sociedad que también está cansada de su clase dirigente.

Hasta ahora es claro que mientras Colombia agota toda instancia diplomática sugerida, el gobierno vecino hace toda maniobra posible para atribuirle a otros sus propias dificultades. Según sus líderes, nada de lo que sucede al interior de Venezuela es su responsabilidad, todo es proveniente de los conspiradores externos.

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