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Álvaro Ernesto Palacio Peláez sábado, 24 de mayo de 2014

En época de elecciones, cuando son tan populares los planes de gobierno, vale la pena recordar algunos puntos neurálgicos que se deben tener en cuenta para sacar del rezago al campo colombiano.

En primer lugar, es esencial consolidar y analizar la información sectorial para diseñar y ejecutar proyectos productivos integrales, progresivos y coherentes con las necesidades reales de las comunidades campesinas.

Particularmente, en un sector como el hortofrutícola, compuesto en su mayoría por pequeños y medianos productores, es urgente  impulsar los modelos asociativos de trabajo con incentivos -no subsidios- para la creación y fortalecimiento de asociaciones y cooperativas de trabajo.

Sin duda, la capacitación constante en todos los procesos de la cadena productiva es crucial para potenciar y desarrollar nuevas habilidades en los agricultores. Sin embargo, más que pensar en la visita a la finca de los productores, se requiere diseñar todo un modelo educativo exclusivo para el campo, que les permita la toma de decisiones con creciente autonomía para ser sostenibles en los mercados.

Para aprovechar las oportunidades y enfrentar los retos de los TLC, es esencial mejorar la calidad, volumen y continuidad de la oferta, con paquetes tecnológicos diseñados para todas las líneas productivas. También es necesario concentrar las inversiones en distritos de riego, tecnología de punta y en la creación de centros de logística que faciliten la selección, clasificación, embalaje y comercialización de los cultivos.

Incentivar la siembra requiere de apoyo en el acceso oportuno al crédito y otros esquemas de financiamiento que garanticen la suficiencia y la oportunidad de los flujos financieros para los agricultores.

Es primordial combatir la informalidad a través de una política con beneficios de orden tributario que generen atracción para formalizar el comercio de productos agrícolas y combatir el contrabando de alimentos.

Incrementar las campañas de educación y promoción en cuanto a la ingesta de alimentos saludables, no solamente mejorará los hábitos de alimentación en la población, sino que promoverá el aumento de la demanda interna. 

Sin infraestructura no se podría concebir el desarrollo en el campo: el mejoramiento y creación de vías, la reactivación de medios alternativos de transporte y la ampliación de puertos, son algunos puntos sustanciales para optimizar el envío de los productos agrícolas a diferentes destinos y reducir los costos logísticos. 

A nivel institucional, la renovación y reestructuración del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural es decisiva en la reconversión del sector, con dependencias sectoriales especializadas, que conozcan de primera mano las necesidades de las comunidades y estén articuladas con los gremios y toda la institucionalidad para ejecutar proyectos con enfoque se desarrollo rural territorial, es decir, que no estén dirigidos solo al componente productivo, sino que involucren acciones en lo social, organizacional y comercial, en conjunto con la entidades de orden regional.

Políticas públicas a partir de la modernización, competitividad, innovación, investigación, transparencia y sostenibilidad deben hacer parte del plan de trabajo del próximo mandatario de Colombia.

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