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Colprensa martes, 2 de octubre de 2018

Rechazaron las modificaciones que se han hecho al Acuerdo de Paz

Los jefes de las Farc que se habían reincorporado y que desde hace varios meses no se sabe de su paradero, Iván Márquez y Óscar Montero, conocido como 'El Paisa', reaparecieron en las últimas horas con una carta que enviaron a la Comisión de Paz del Senado, la cual en días pasado intentó contactarlos.
La carta, que es pública, tiene poco más de tres hojas, en las cuales hacen un recorderis de cómo ha sido el proceso de paz y los compromisos que del mismo se desprendieron.

Aseveran que las modificaciones que se han hecho al acuerdo de La Habana lo convierten en “un horroroso Frankenstein. Personajes que nunca fueron ungidos con el honor de ser plenipotenciarios de las partes, se dieron a la tarea de meterle mano para dañar lo construido con tanto esfuerzo y amor. Sucedió después de la entrega de las armas. Eso es perfidia, trampa y conejo. Mal hecho”.

Márquez y 'El Paisa', plantean que ven en la Fiscalía “una fábrica de mentiras para empapelar judicialmente a mucha gente, y en el caso que nos ocupa, a los principales negociadores de paz de la guerrilla, llegando hasta el asombro de elevar en el rollo de su montaje, la tentativa y el pensamiento mismo a la categoría de delito para justificar la extradición, buscando desesperadamente hundir sin remedio el anhelo colectivo de paz”.

Estiman que esa acción de la Fiscalía sólo llevan a la  perfidia y la trampa, “no se puede traicionar la paz de esa manera. Los acuerdos, que fueron firmados solemnemente, son para cumplirlos. ¿En qué otra parte del mundo ha ocurrido algo semejante?”.

Respecto al expresidente Juan Manuel Santos, señalaron que “el ex   Presidente y Nobel de Paz, Juan Manuel Santos, no tuvo ni el valor ni la  convicción de hacer uso de las facultades que le otorgaba la Constitución  para salvar el proceso. Prefirió no cruzar el Rubicón por temor a la jauría”.

Carta abierta a la Comisión de Paz del Senado

Señores

Comisión de Paz del Senado

Congreso de la República

Bogotá

Pese  a   que  el   Acuerdo  de Paz  fue  destrozado  por  depredadores  sin alma, nuestro sueño sigue siendo la paz de Colombia. Al menos  tres  actos  de insensatez  empujaron  la esperanza tejida  en La Habana  al   taciturno abismo de los  procesos  de paz  fallidos:  la inseguridad   jurídica,   las   modificaciones   al   texto   original   de lo convenido y el   incumplimiento de aspectos esenciales del Acuerdo.

Sin duda, la inseguridad jurídica tocó techo con la   detención de Jesús Santrich  con  fines  de extradición  mediante  montaje  judicial urdido por el   Fiscal General, el   embajador de los EE.UU. y la   DEA. Esta decisión delirante concebida para sabotear la paz terminó ahuyentando la poca   confianza   que   aún   quedaba en los excombatientes.  Debemos  reconocer  que  la Fiscalía  General  de la Nación  se  ha convertido  en una  fábrica  de mentiras  para  empapelar judicialmente  a  mucha gente,  y  en el   caso  que  nos  ocupa,  a  los principales  negociadores  de paz  de la guerrilla,  llegando  hasta  el asombro de elevar  en el   rollo  de su  montaje,  la tentativa  y  el   pensamiento mismo   a   la categoría   de delito   para   justificar   la extradición, buscando desesperadamente hundir sin remedio el   anhelo colectivo de paz.
Estamos frente a un descarado abuso en el   ejercicio del   poder,   mezclado con   una   rendición   inaceptable   de nuestra soberanía jurídica a   una potencia extranjera. No podemos dejar la Paz -que es  el   derecho  más  importante-  en manos  de personajes  como Martínez  y  Whitaker.  Carecen  ellos  de sentido  común  para trazar  el destino de Colombia, que definitivamente no puede ser el   de la   guerra.

Pero, ¿qué gana EE.UU. aplastando la paz de Colombia? Muy poco ha contribuido  a   fortalecerla.  Para  reforzarla,  por  ejemplo,  pudo  haber liberado,  luego de   la firma del  Acuerdo  de La Habana,  a  Simón Trinidad, extraditado 14 años atrás a   través de un montaje judicial del Gobierno de   la   época. John Kerry, ex Secretario del Departamento de Estado, había abierto esta  posibilidad en una  reunión  que  sostuvimos personalmente en la capital de la   Isla.

Esas buenas intenciones fueron arrastradas por el   viento. Por  otra  parte,  las modificaciones al texto original de lo convenido transfiguraron el   Acuerdo de La Habana en   un horroroso Frankenstein.  Personajes  que  nunca  fueron  ungidos  con  el   honor  de ser  plenipotenciarios  de las  partes,  se  dieron a   la tarea de meterle mano  para dañar  lo  construido  con  tanto  esfuerzo  y  amor.

Sucedió después  de la entrega de las  armas.  Eso  es   perfidia,  trampa  y “conejo”. Mal hecho. No se puede traicionar la   paz de esa manera. Los acuerdos,  que  fueron  firmados  solemnemente,  son  para  cumplirlos. ¿En qué otra parte  del  mundo ha ocurrido algo semejante? El mismo Estado  que  firmó  el   Acuerdo,  azuzó  luego  a su  tronco y  a  sus   extremidades  a destruirlo aduciendo  la independencia  de poderes cuando   tenía   en   sus   manos   el   recurso   constitucional   de la colaboración armónica.

Se  produjo  entonces  el   desconocimiento de una obligación internacional que descansa en   el   hecho notorio de que éste  es  un Acuerdo  Especial  del  Artículo  3 de los  Convenios  de Ginebra y que ostenta al   mismo tiempo el   rango de Documento Oficial del Consejo de Seguridad de NNUU.

A   esto debe agregársele el   fallo de la   Corte Constitucional que estableció de manera clara y categórica que  dicho  Acuerdo  no podía  ser  modificado por  los  próximos  tres gobiernos. El ex   Presidente y Nobel de Paz, Juan Manuel Santos, no   tuvo  ni   el   valor  ni   la  convicción  de  hacer uso  de las  facultades  que  le otorgaba  la Constitución  para salvar  el   proceso.  Prefirió  no cruzar  el   Rubicón por temor a   la   jauría.

Señores  Senadores:  la JEP  no es  la  que  aprobamos  en  La Habana, sino la que  querían  el   Fiscal  y  los  enemigos  de la concordia;  esta  ya no es   para todos  los  involucrados  en   el   conflicto;  sustrajeron  de su jurisdicción a  los  terceros;  rodearon de tinieblas  la verdad,  que  es  lo único que puede cerrar y sanar las profundas heridas causadas por el   conflicto   y   generar   al   mismo   tiempo   un   nuevo   ambiente   de convivencia.

También  ampliaron  el   universo de los  aforados  para asegurarle larga vida a   la impunidad. Con sus propias manos el   fiscal Martínez sembró en la Jurisdicción Especial para la Paz las minas de la reincidencia,  el   testaferrato  y  otras  argucias  para poder  llevar encadenados a   antiguos guerrilleros a la justicia ordinaria y saciar así su  sed  de  odio  y  de venganza  que  comparte  con  ciertas  élites  del poder.  Realmente  el   “fast track”  legislativo  fue  aprovechado para destrozar a   dentelladas rápidas aspectos sustanciales del Acuerdo de Paz con la   bendición incoherente de la Corte.

No debe olvidarse que la Ley  de Procedimiento  de   la JEP  fue  aprobada  unilateralmente  sin tener en cuenta para nada la opinión de la Csivi. Siempre quedamos con la   impresión que la   preocupación del Gobierno por las víctimas del conflicto  fue  una  preocupación fingida  adornada  con  palabras  llenas de aire.

Finalmente,  sin  eufemismos  y  en lenguaje  franco:  lo  esencial  del Acuerdo  de Paz  de La Habana  ha sido traicionado.  El Congreso anterior hundió la   Reforma Política y las Circunscripciones Territoriales Especiales  de Paz.  No  se  aplicó  plenamente la amnistía;  todavía quedan  guerrilleros  presos.  Cinco  años  después  de  lograr  el   primer Acuerdo  Parcial no hay  titulaciones  de tierras,  ni   fondo  de tres millones de hectáreas  para  los  que  no  la tienen,  ni   nada  que  signifique dignificación de la vida en el campo.

La sustitución está empantanada porque  el   Fiscal  no  permite  el   tratamiento  penal  diferencial  para  los campesinos   cultivadores   y   mujeres pobres,   y   porque   no hay formalización de la  propiedad de la  tierra  ni   proyectos  económicos alternativos.

El mismo personaje ha saboteado el   funcionamiento de la Unidad Especial  de  lucha  contra  el   paramilitarismo imponiendo con ello que  más  de 15  mil imputaciones  de paramilitarismo y  de apoyo económico a esas   estructuras   criminales,   que   según   Memoria Histórica  han  asesinado  a   100  mil colombianos,  duerman  engavetasen la Fiscalía el   sosegado sueño de la impunidad.

El Acuerdo tuvo una falla estructural que pesa como pirámide egipcia que  fue  haber  firmado,  primero,  la  Dejación  de las  Armas,  sin  haber acordado antes los términos de la reincorporación económica y socialde los guerrilleros. Esa es la   causa de   los problemas que hoy afrontanlos  ETCR  por  incumplimientos  del  Estado.

Ingenuamente  creímos  en la palabra y  la buena fe  del  Gobierno,  a pesar  de que  Manuel Marulanda Vélez  siempre  nos  había  advertido que  las  armas  eran la única  garantía  segura de cumplimiento  de los  eventuales  acuerdos.

Hoy  a   los  guerrilleros  los  están  matando  uno  a   uno  en   medio  de la indiferencia de las autoridades, e igual sucede con los líderes sociales cuyo sacrificio parece no tener fin. Tengan en cuenta que hasta el   sol de hoy   no se   ha   producido   ningún   desembolso   para   financiar  proyectos  productivos  en los  Espacios  Territoriales.  Que  alguien  nos diga  a   qué  bolsillos  fueron  a   parar  los  recursos  del  posconflicto colocados tan generosamente por los países donantes.

Señores  y  señoras  congresistas:  nuestra principal  preocupación es cómo sacar la paz de Colombia del abismo de los acuerdos   fallidos a la que fue arrojada con desprecio, y nos gustaría conocer al   respecto sus valiosas apreciaciones. Vale la pena intentar lo imposible, porque de lo posible se ocupan los demás todos los días.

Reciban de nuestra parte un  saludo cordial.

Iván Márquez

Oscar Montero(El Paisa)

Septiembre 22 de 2018,  Octavo  aniversario  del  asesinato de comandante Jorge Briceño

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