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Martha Lucía Ramírez viernes, 28 de junio de 2013

La oportunidad que recibe Colombia con estos anuncios debe ser el campanazo de alerta para revisar la agenda del país e identificar los problemas que requieren atención en aquellos sectores fundamentales para asegurar un acercamiento a las economías emergentes de primer nivel como Singapur y China, y posteriormente ofrecer un modelo de desarrollo comparable al de los países nórdicos y otras economías desarrolladas.

Los indicadores internacionales dan cuenta de los problemas del país que obstruyen su consolidación como un actor principal dentro del escenario mundial. 
 
La competitividad del país se mantiene en los mismos niveles medios a causa del incipiente desarrollo en salud y educación, como lo muestra la última publicación del Aden, o en infraestructura e instituciones como lo señala el Indicador de Competitividad Global.
 
 Sin embargo, el rezago en competitividad no es el único factor que nos preocupa pues la vinculación de Colombia a las dinámicas de comercio no evoluciona al ritmo deseado. 
 
Con los últimos datos publicados por el Dane, las exportaciones cayeron en un 1,2%, en abril de 2013 frente al mismo mes en 2012, a causa del declive de los bienes derivados de actividades extractivas, en contraste con un aumento en las manufacturas y productos agrícolas.
 
 Analizarlas en detalle solo nos advierte del escaso desarrollo para hacer parte de las cadenas de producción que contribuyan a un crecimiento importante de las economías, pues al haber concentrado buena parte de nuestras exportaciones en bienes primarios con escasa transformación productiva seguimos dentro del esquema de un país proveedor de materias primas que no aprovecha al máximo la variedad de recursos que posee y el capital humano formado. Las cadenas de valor en el mundo están exigiendo lugares con altos niveles de inversión en Ciencia y Tecnología, en desarrollo educativo y la mejora en las condiciones de comercio. 
 
En este último punto, con los tratados de comercio y acuerdos que ha suscrito Colombia, los mercados extranjeros son un importante incentivo para impulsar las manufacturas y la agroindustria bajo el compromiso de mejores procesos caracterizados por procedimientos de mayor tecnificación, de mayor demanda de conocimiento productivo para ser incorporado en bienes y servicios, y de la creación de mayores puestos de trabajo.
 
 Por tanto, el impulso de cadenas de valor regionales es la base para posicionarse dentro del escenario mundial, en especial, bajo el nuevo marco de comercio con la Unión Europea, con las potencialidades que ofrecen las regiones como el Triángulo de Café expandiendo su oferta agroindustrial en azúcares, y manufacturas en ropa y textiles; en los Santanderes con el fortalecimiento de la industria joyera, bebidas y derivadas de cacao y tabaco, y fabricación de curtidos y marroquinería. 
 
Mientras que en la región central, se destacan las industrias eléctricas y electrodomésticas, junto a una buena oferta de confecciones.
 
 Lograr vincularse a los eslabones más altos e importantes de las cadenas de valor requiere, entonces, consolidar una cultura de la innovación que atienda a las industrias fabriles y agrícolas, y al sector servicios, mejorando la productividad de los factores y alcanzar tasas de crecimiento más boyantes y significativas para todo los colombianos. 
 
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