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Sábado, 19 de mayo de 2012

El esquema de salud implantado en Colombia, vigente desde hace dos décadas, cumplió su ciclo por su inoperancia, ineficiencia, costos y por el sistema de intermediación de entidades privadas que elevaron a la salud a una categoría de mercancía más del mercado.

En un modelo de intermediación que ya no da más, este estado de cosas inconstitucional como lo llama la corte, amerita de parte del presidente Santos la declaratoria de emergencia económica y social para enfrentar este cáncer de la corrupción en un derecho fundamental, como lo es la salud.

Los remedios caseros hasta hoy aplicados, solo han servido para prolongar la aflicción de la organización. Desde que nació el sistema de salud, el gobierno colombiano se la pasa improvisando medidas transitorias, que solo son patadas de ahogado y mientras tanto nadie atiende dignamente a los beneficiarios del mismo, los médicos trabajan con honorarios de hambre y qué no decir de los medicamentos, que es la gran vena rota del modelo.

Al gobierno le corresponde entrar a desmontar los monopolios de medicamentos, como lo denunció la contralora Sandra Morelli, que fijan precios a su acomodo y desangran al modelo impunemente. Estas empresas operan como un cartel que lo llamó de 'Fármaco-Economía'.

A esto le agregamos que por la intermediación a los prestadores directos del servicio como los hospitales, no se les paga.

Esta red no resiste una simple reforma más, pues el régimen es insostenible bajo la perspectiva de hoy.

El país gasta $32 billones en la operación de la salud. Cada gobierno se niega a asumir el control de esos dineros y los deja en manos de unas compañías llamadas 'Empresas Promotoras de Salud', que son en buena parte el origen del desastroso modelo de la atención en salud. Frente a este tema todo el mundo está perdiendo, por eso las soluciones tienen que ser de fondo, nada de pañitos de agua tibia, como lo dice el Dr. Carlos Fernández, el remedio, tendría que estar constituido por un núcleo esencial, determinado en un plan único, suficiente y universal, definido técnicamente sobre bases epidemiológicas para atender la enfermedad dentro de una política pública y la intervención colectiva de todos los factores modificables que la generan.

Como lo afirma Juan Gossain, lo que está pasando es que el sistema colombiano de salud se reventó en pedazos, resultó fallido. Las razones son varias, pero todas giran alrededor de un mismo sol: La maldita corrupción y su hermana siamesa, la politiquería, los industriales y mercaderes de los medicamentos se aliaron con la voracidad económica de unas cuantas empresas privadas y con la podredumbre que campea en las oficinas públicas.

Qué tendremos que hacer los colombianos para que el gobierno acepte que el plan de salud es absolutamente inviable y que como tal requiere de alta cirugía por parte del estamento para salvarlo.

Este régimen debe articularse hacia la gente a través de redes integradas de servicios, habilitados regionalmente para lo básico y nacionalmente para lo más complejo. Aquí los organismos de control deben jugar un gran papel dentro de un esquema de vigilancia, en donde los usuarios organizados deben ser el eje central del mismo, pues que mejor que ellos para proteger sus derechos.

En la organización nueva, debe operar un afiliado único, que administre las autorizaciones y que audite los pagos, permitiéndole a todo colombiano su acceso a la salud, con su sola identificación.

Jaime Ardila Barrera

Auditor General de la República

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