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Miércoles, 8 de febrero de 2012

La llegada de las nuevas tecnologías ha hecho posible un mayor dinamismo en las comunicaciones pero ha expandido una serie de dispositivos que pueden atentar contra las estructuras de las corporaciones. El ocio, en las horas de trabajo se ha vuelto más introspectivo desde la acción aunque más riesgoso desde la inmediatez.

Pongámoslo en otros términos: para el robo de datos confidenciales hace falta sólo ingresar a una casilla de correo electrónico y asestar un click. Y cualquier empresa puede despertar de su verano dorado para caer en la más profunda oscuridad.En ese sentido el e-mail se ha constituido, desde los años 90 a esta parte, en una herramienta muy beneficiosa que puede transformar su frac en un harapiento saco de pérdidas para las arcas de las empresas. Y como ninguna firma escapa a esta realidad se ven obligadas a implementar estrategias de seguridad que permiten contrarrestar el mal uso del horario laboral pero por sobre todas las cosas la fuga de datos confidenciales, el hurto de intangibles, el comercio ilegal de obras protegidas o el tráfico de material pornográfico, a partir de la negligente utilización del correo electrónico.El desfalco financiero que provocan este tipo de conductas se ha visto reflejado en un trabajo elaborado el año pasado por el Grupo Morse. El informe, que fue realizado sobre una muestra de campo de más de 1.400 trabajadores del Reino Unido, dejó como síntesis que las empresas estaban perdiendo, por el mal uso de la red, 1.38 millones de libras al año y 223 horas laborables al mes. Un problema es un dominó que alimenta otro problema. El mal uso de este recurso trae de la mano el aumento en los costos fijos y de producción, disminución en el ancho de banda, daño corporativo y responsabilidad ante terceros. Es por eso que el ‘monitoreo laboral de correo electrónico’ se impone como un elemento útil para enfrentar este problema. No cabe duda que las comunicaciones personales están protegidas por el derecho a la intimidad aunque no es menos cierto que cuando se ingresa a una compañía, el empleador, que dispone una serie de herramientas para el trabajo, está en pleno derecho de controlar que el empleado utilice adecuadamente los recursos y de este modo evitar sanciones más drásticas.La jurisprudencia lo ratifica. Los empresarios deben advertir a sus empleados la forma en que debe ser usado en el ámbito laboral, a través de reglamentos internos, cláusulas contractuales y capacitaciones periódicas, entre otros.Acaso también reglamentar el uso del e-mail, auditar las cuentas de correo, utilizar password con altos niveles de seguridad y firmar electrónicamente los correos corporativos, entre otros aspectos. Internet es absorbente. Y lo que años atrás se transmitía en los pasillos del trabajo, hoy se lleva al nuevo escenario virtual. Que de tan virtual puede resultar un gran problema.Nota del editor:Aunque pueda resultar un tanto incómodo, quienes ostentan la condición de empleados deben comprender que las compañías tienen derecho de velar porque sus equipos y sus redes se utilicen para fines laborales o que al menos, el acceso a otras plataformas no genere inconvenientes en sus servidores. AntecedentesLa manera de trabajar en las empresas, así como la forma de relacionamiento entre los empleados y aún con las personas que se encuentran fuera de la organización ha cambiado para trasladarse al mundo virtual. De ahí la importancia de adaptarse al manejo adecuado de las nuevas tecnologías.Macarena Pereyra Rozas- Abogada y socia de Carranza & Torres Asociados

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