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Abelardo De La Espriella sábado, 18 de enero de 2014

Lo dijo en su momento Karl Marx, el filósofo alemán que se convirtió en uno de los pensadores más influyentes de todos los tiempos: “la religión es el opio del pueblo”. Sabio aforismo. En otras palabras, la religión es como una droga que, eventualmente y sin exagerar, puede causar tanto o más daño en un ser humano que el alcohol o la cocaína.

La religión es, sin lugar a dudas, el mejor mecanismo para controlar las masas y mantenerlas al servicio de una causa determinada. Al tiempo que es una especie de enfermedad, la religión es un antídoto contra toda explicación razonable, y eso es lo que la hace peligrosa. ¡Vaya paradoja!

La discusión en esta ocasión no consiste en determinar si Dios existe o no. Cada quien que crea lo que quiera. Ese es un derecho inalienable, como es una obligación inevitable respetar las creencias de los demás. En estos principios se sustenta la democracia. De hecho, bajo la égida de una constitución laica, como la nuestra, tanto la libertad de cultos como el ateísmo se encuentran totalmente amparados.

El verdadero problema surge cuando la religión es utilizada para enriquecerse, hacer política y discriminar, como lo viene haciendo la familia de la senadora Alexandra Moreno Piraquive. Mezcla explosiva e inmoral -que no ilegal- que merece toda la atención y el análisis por parte de la sociedad en general.

Es inexplicable cómo un movimiento político-religioso, como el Mira, tiene cabida en el escenario político actual. Habrá quien diga que, estando Roy Barreras “dando lora”, cualquier cosa es posible. En todo caso, un partido tan retardatario y excluyente en estos tiempos no deja de ser una rareza. Más extraño resulta que tenga seguidores que, con sus recursos, subsidian los lujosos gustos de la señora María Luisa Piraquive y sus muchachitos.

La plata es de los fieles y con ella pueden hacer lo que quieran. Eso no tiene discusión; pero lo que uno esperaría es que los Piraquive honraran la confianza de sus seguidores, invirtiendo el diezmo en los pobres y no en mansiones en el sur de la Florida; pero eso es pensar con el deseo: a los Piraquive solo les interesa el saldo de sus cuentas en el extranjero.

Las andanzas de esta familia de “mercaderes” que deja mucho que desear deben recibir toda la sanción social posible, pues no solo emplean la fe para llenar sus bolsillos y saciar sus ambiciones, sino que, además, rechazan a las personas por su condición social, sexual y hasta por sus limitaciones físicas. El video de la matrona del Mira es una remembranza siniestra de los discursos del nacismo. Hasta su propio hijo menor, Iván Darío Moreno Piraquive, fue expulsado del seno familiar y de la Iglesia que preside su adorable progenitora, por reconocer su homosexualismo. ¡Qué bonita familia!

Las próximas elecciones son el escenario ideal para darle a la señora Piraquive y a su combo de fanáticos el castigo que merecen, no es por la vía penal como muchos creen.

No votar por ellos, y contribuir a que el partido Mira no logre el umbral, será la máxima condena. Además, espero sinceramente que los seguidores de la iglesia migren a otra menos mala, porque no creo que haya una sola buena.

Si estuviéramos en la época del oscurantismo que la señora Piraquive pretende imponer, lo más seguro es que, después de sus desafueros e insensateces, esta “sierva de Dios” hubiese terminado como cualquier otra bruja: en la hoguera.

La ñapa I. ¿Hasta cuándo tendremos que soportar la perorata novelesca de Petro? ¡Pa fuera, pa la calle!

La ñapa II. Si es cierto que el Presidente Santos se hizo una cirugía estética, no puedo imaginar una actuación más torpe, en medio de una campaña electoral. 

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