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Fernando Álvarez Rojas Lunes, 17 de septiembre de 2012

La simpatía es un tema recurrente en la filosofía y un punto de encuentro entre psicólogos, filósofos y abogados. Max Scheler (Esencia y Formas de la Simpatía), enseña cómo a través de la simpatía podemos acceder al conocimiento del yo ajeno.

El racionalismo cierra en la afirmación cartesiana de la propia existencia “pienso luego existo”; el afecto abre al prójimo, por la necesidad de ser con el otro. El racionalismo es una afirmación de suficiencia, el afecto de indigencia; si me abro, si extiendo los brazos, si camino y busco, es porque necesito, porque carezco de algo que solo en el encuentro con  el otro hallo. El racionalismo es un “puedo ser yo”; el afecto es “la única forma de ser posible es contigo, en tu compañía”.

Si la racionalidad es lo que nos caracteriza como especie, es la racionalidad la que nos puede condenar a perdemos como genero. Hemos perdido la sensibilidad básica que nos abre a lo ético,  el sentimiento hacía el otro; al abandonar al prójimo, nos abandonamos a nosotros mismos, dejamos de tener la referencia sensible que nos permite explicarnos. Al perder el lazo con el otro, somos arrastrados a un vórtice de soledad y vacío, en que todo pierde sentido. Porque el sentido de la vida del hombre es estar en y con los otros.

El solipsismo racional es la esterilidad emocional, que puede hacer que el calor del contacto físico lo sustituyamos por la relación virtual que se desconecta y prende de forma tal fácil como un computador. No hay un compromiso, hay un momento; no hay una relación, sino una información cambiante y mutante a la misma velocidad del capricho. Cuando al otro lo reducimos a dato y el otro como espejo nos da el mismo trato, aumentamos la soledad. La soledad de la desesperación, del extrañamiento, de la neurosis que como barrotes invisibles nos encierra en un calabozo de tristeza que tratamos de romper con subrogados del consumo.

La negociación de paz guiada solamente desde la racionalidad, hace que las conversaciones puedan ser utilizadas como pretextos estratégicos y pierdan su norte. En Scheler la empatía tiene un papel fundamental. Dicho en palabras breves, la empatía es la posibilidad de asumir la posición de otro, colocarnos en el puesto de otro. Esta posibilidad es fundamental para romper el solipsismo racionalista a través de la apertura afectiva; ser capaces de ser afectados por lo que al otro conmueve. En un dialogo, es la actitud de escucha, escuchar al otro para atenderlo y entenderlo, y en lo posible complementarlo.

El torbellino diario nos quita la amabilidad, la consideración del otro. Caminamos, actuamos, accionamos ensimismados, sin prestar atención del otro, sin atinar a observarlo, sin acatar a oírlo, sin percatarnos de lo que pueda necesitar. Somos una sociedad indiferente, fría, vacía. Que se informa del desastre: prende la televisión que coloca en el mismo plano el dolor y el concierto de una estrella de rock. El sufrimiento se alterna sin moderación alguna con el desfile de moda, por lo que uno y otro resultan banales, pasajeros.

El regreso a la gentileza, a la deferencia, a la sencillez, al trato sincero sin aprehensiones y sin pretensiones, en donde las manos se encuentran como el puente que liga y une en el afecto, en el saludo que es salud afectiva, solidaridad real, compañía, oferta abierta a contar con la fuerza del otro para compensar las indigencias mutuas, que se complementan como forma de romper la carencia y ser complemento que es fuerza por comunidad y el ingreso al mundo ético.