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Colprensa sábado, 15 de junio de 2019

El Consejo de Estado decidió decretar la pérdida de investidura del exguerrillero

Alejarse del Acuerdo de paz que lideró en La Habana, Cuba, romper relaciones con la dirección de su partido Farc, y no posesionarse como congresista de la República, le pasó ayer cuenta de cobro a Luciano Marín Arango, más conocido como Iván Márquez.

En una decisión unánime, el Consejo de Estado, con ponencia del magistrado Alberto Montaña Plata, decidió decretar la pérdida de investidura del exguerrillero. “Sin justa causa, sin que existiera una circunstancia que pueda ser considera de fuerza mayor, dejó de posesionarse en el cargo para el cual fue designado por su partido”, aseveró Lucy Jeanette Bermúdez, presidenta del Consejo de Estado.

Entre otras razones para despojarlo de su curul, el alto tribunal indicó que frente a los argumentos de falta de seguridad física y jurídica expuestas por Márquez, el exjefe de Farc “tuvo la posibilidad de diseñar salidas concertadas con su partido para no sacrificar su obligación de promover la reintegración política colectiva. Tampoco atendió las obligaciones que le imponía la Constitución ni observó lo pactado en el acuerdo”.

Asimilada esta decisión como otra derrota política para la colectividad nacida del Acuerdo (las otras fueron las pocas votaciones para el Congreso y el retiro del candidato en la contienda presidencial), el senador Julián Gallo —Carlos Antonio Lozada—, dejó claro quién reemplazará a Márquez (ver Protagonistas).

“Se abre la posibilidad de que muy pronto pueda tomar posesión de esa curul el siguiente en la lista que es el camarada Benkos Biohó, de manera que una vez conozcamos el sentido del fallo, estaremos buscando la forma de ver cuáles serían los trámites de que decretada esa pérdida de investidura, pueda tomar posesión el siguiente en la lista”, comentó Gallo.

¿Se repite la historia?

El 11 de octubre de 1987, Iván Márquez no tuvo otra opción más que cumplir la orden de uno de los máximos jefes de las Farc en ese entonces: Jacobo Arenas. Ante el exterminio de los militantes de la Unión Patriótica, UP (partido nacido bajo las negociaciones de esa guerrilla con el presidente Belisario Betancur), el comandante le dijo que se regresara para Uribe, Meta.

Márquez, elegido representante a la Cámara por Caquetá en 1986, le respondió que el lunes tenía un debate, pero Arenas le restregó la orden. Tomó el camino que comunica a Sumapaz con Casa Verde a pie, y se hundió por 30 años en la clandestinidad que le brindó la selva y las armas de una guerrilla en crecimiento.

“Márquez llegó como comandante del Bloque Suroeste y después pasó a ser el segundo jefe del frente 5. Fue ascendiendo en la estructura y después pasó a comandar el Bloque Caribe. En 1990, cuando murió Arenas, fue llevado al Secretariado y se perfiló como negociador, tanto así que desempeñó ese papel en los diálogos de Tlaxcala y Caracas”, explicó Juan Carlos Ortega, analista del conflicto armado.

Hoy, 33 años después de que Márquez dejara su escaño y volviera al monte, la probabilidad de que la historia se repita es alta y con condiciones similares: están asesinando a los excombatientes de las Farc, perdió su curul y buscaría protección en disidencias que conservan la idea de que ellos son las verdaderas Farc porque mantienen el legado de Manuel Marulanda, como lo plantea Jairo Delgado, especialista en Ciencia Política.

Las condiciones, dice el analista, están dadas para un rearme de Iván Márquez. “Las Farc disidentes hoy mantienen un comportamiento similar al de la antigua guerrilla y este sería un espacio para su llegada, la misma que podría justificar al decir que el peor error fue entregar las armas”.

Agregó Delgado que lo único que hace falta a las disidencias para articularlas es un elemento ideológico-político y Márquez lo tiene. Además, allí encontraría la protección que reclama.

Hace un año, tres días antes de su posesión, Iván Márquez envió una carta en la que explicaba porque no ocuparía su curul: todo lo sucedido con Jesús Santrich, que calificó de montaje, la desfiguración de la JEP y el incumplimiento de la reforma política. “Que el caso Santrich y la perfidia o traición del Estado al acuerdo de Paz no se nos conviertan en el detonante del retorno a la confrontación”, fueron las palabras del negociador que hoy tienen forma de una premonición.

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