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Manuel Fabián Rozo miércoles, 12 de junio de 2013

A lo largo de la historia se ha observado una estrecha relación entre empresa, desarrollo y crecimiento. No cabe duda que fueron las industrias las que dieron ventajas a países, como Estados Unidos, Inglaterra y Alemania, para posicionarse como potencias a nivel mundial. Sin embargo, es importante preguntarse ¿qué tan viable y sustentable resulta para un país, la creación de empresa, si esta no tiene en cuenta su entorno social?

Al analizar las prácticas de las empresas mineras y petroleras, podemos encontrar que existe mucha discrepancia cuando de trasmitir información sobre lo que hacen se trata. Por ejemplo, recientemente se publicó un estudio por la Contraloría, donde se denuncia como factor negativo, las altas cantidades de agua que se necesitan para la producción minera.  A contrario sensu,  datos presentados en un congreso reciente, indican que la cantidad del recurso hídrico usado en la minería es considerablemente más bajo. No cabe duda que el sector minero energético ha sido, y continúa siendo, blanco de críticas y por ello se requiere sustentar la información que se presenta a debate. A pesar de lo que algunos manifiestan acerca de la industria minera, refiriéndose a ella como un negocio lucrativo que destruye el ambiente y afecta la comunidad, la industria continúa su labor con responsabilidad y aporta significativamente al desarrollo del país.
 
Algunos temas a tener presente, en el aspecto social y ambiental, fueron expuestos en el IX Congreso Internacional de Minería y Petróleo. Muchas empresas presentaron su modelo de práctica empresarial en la que lo social y lo ambiental son los puntos más importantes. Un tema crítico en materia ambiental, como se dijo, es el uso del agua por las industrias extractivas. En dicho evento se analizó un estudio que resulta interesante, y fue realizado por the World Water Assessment Programme (WWAP) y UN Water, donde se expone que en materia de uso de agua, en el mundo, la minería solo consume de un 2% a 5%, del porcentaje que la industria en general tiene, que es un 22%, mientras la agricultura usa un 77% y el uso doméstico se eleva al 8%. Estas cifras difieren de lo dicho por la Contraloría en su estudio y merecen ser evaluados.
 
De otra parte, la gestión en responsabilidad social que adelantan las empresas del sector minero-petrolero es evidente, ya que se ofrecen empleos formales y con ingreso estable, con lo que se procura una mejor calidad de vida en las regiones. La contribución a educación y salud, como lo dio a conocer el presidente Santos, es importante: “Con esos casi 32 billones puede financiarse el 80 por ciento del presupuesto de inversión de este año para educación, transporte y salud, además de los numerosos programas sociales, como Familias en Acción o el programa de la Red Unidos”. Pretender desconocer los beneficios que trae la industria al país, es mentirse y mentirle al país. 
 
Por otro lado, con la expedición de los decretos que reglamentan el Código de Minas -la ley 685 de 2001-, particularmente el Decreto 933 de 2013, el Gobierno Nacional propone una opción interesante a seguir por las compañías para resolver otro problema social importante asociado a la industria extractiva. Se trata de vincularse a la formalización de mineros tradicionales ubicados en un área cubierta por un título minero. El empresario minero puede ayudar a la formalización a través de tres opciones; renunciar o ceder parcialmente un área de su título o suscribir contratos de operación o asociación, a favor del minero artesanal o tradicional. A pesar que esta situación ya se estaba dando, y muchas empresas mineras responsables han contribuido a formalizar mineros artesanales (una minera de oro, formalizó 153 mineros artesanales el último año), es bueno que el Estado se preocupe por mediar soluciones entre la empresa y los mineros para que haya respuesta a una problemática de alto contenido social. En palabras de algunos expositores en el Cinmipetrol; “es positivo que las compañías tengan una visión enfocada en la sociedad, porque una empresa extractiva desvinculada de los entornos sociales es frágil y blanco político, pero un país, comunidad o sector social con grandes niveles de desempleo, falta de educación y salud, es sencillamente inviable”. 
 
Ahora bien, existen muchas otras razones por las que se estigmatiza la industria minera, entre ellas, las malas prácticas de explotadores irresponsables que trasgreden las normas, la minería ilegal y los criminales que se aprovechan de la actividad para cometer sus ilícitos. Este tipo de actos, ajenos a la industria minera que el país desea, son los que ciertamente deben ser perseguidos y erradicados. Pero estos no deben dominar el debate nacional, sobre la necesidad o no de esta industria para el país.
 
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