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Andrés Felipe Quiroga sábado, 11 de abril de 2015

Esta iniciativa legislativa es una alternativa aplicada en otras latitudes del mundo como Estados Unidos de América y Europa, donde a través de una legislación específica se ha logrado incluir la marihuana dentro de los medicamentos de uso controlado, al demostrarse científicamente que es un analgésico natural efectivo, que supera sustancias equivalentes como la morfina u otros productos farmacéuticos (opiáceos) que no resultan ser la mejor alternativa para estabilizar a un paciente terminal, debido a su alto costo y efectos secundarios.

Ahora, para poder tomar una postura a favor o en contra de la legalización de este producto con fines medicinales, es importante analizar y entender varios aspectos que circundan el tema, sus repercusiones, retos, riesgos y beneficios, y lo más sensible, cómo impacta este tipo de decisión legislativa la política de lucha contra las drogas que por años ha batallado el estado colombiano.

Según estudios publicados por la Organización Mundial para la Salud (OMS), la marihuana medicinal tiene la capacidad de disminuir los dolores causados por enfermedades terminales, neuropáticos y procesos inflamatorios. Además de, reducir efectos secundarios producidos por tratamientos de quimioterapia, disminución del asma y mejora del apetito.

Por otra parte, se ha demostrado que la marihuana con fines medicinales no genera daños colaterales graves, pues la dosis es controlada y monitoreada por el médico tratante, a diferencia de los efectos negativos que se alcanzan cuando se emplea con fines recreativos, pues allí no hay un control sobre la dosis o la calidad del producto.

Parte de la iniciativa de regulación, busca que la sustancia o el producto que adquiere el paciente cumpla con unos estándares de calidad y salubridad certificados por el Invima y el Ministerio de Salud, y que su comercialización y uso se haga bajo prescripción médica, para evitar, como muchos opositores afirman, que este sea el comienzo para legalizar las drogas peligrosas en Colombia. En este punto es importante aclarar que legalizar la marihuana medicinal no legitima el consumo de otras sustancias más fuertes (cocaína, crack, anfetaminas o heroína), pues con el uso medicinal o terapéutico no se busca estimular el sistema nervioso o excluir a la persona de la realidad, sino atenuar un dolor crónico y fuerte en procura de mejorar la calidad de vida del paciente, sin necesidad de generar adicción, trastornos mentales o dependencia, pues en dosis controladas estos episodios no se presentan.

Sin embargo, el éxito del uso de la marihuana medicinal se fundamenta en el tipo de regulación que se adopte, y los actores que en ella se involucren para la fabricación, distribución, suministro y consumo. Un modelo conservador sugiere que sólo ciertos laboratorios con capacidad instalada puedan fabricar preparaciones derivadas de los principios activos de la marihuana (CBD), y obtener un producto tipo cápsulas o jarabe, que sea recetado y suministrado exclusivamente por profesionales de la salud.

Un modelo más liberal, permite la despenalización de la fabricación, es decir que aquellas personas recetadas médicamente pueden tener cultivos para consumo personal o adquirir la dosis requerida para su tratamiento en puntos de distribución autorizados por el Ministerio de Salud.

En todo caso, la normativa que  se adopte no puede ser laxa, pues independiente del modelo, deben existir controles y restricciones, así como hoy día existen para la morfina, pues su consumo deliberado podría ser letal.

Por otra parte, la legalización de la marihuana medicinal no es un tema ajeno a la normativa colombiana, sino que por el contrario, la Constitución Política de 1991 (artículo 49) y la Ley 30 de 1986 (artículo 3) la consienten. Sin embargo, su reglamentación aún es escueta y escasa, lo que deja muchos vacíos.

De modo que el debate sigue abierto, y todo conduce a que muy pronto la marihuana medicinal podría convertirse en Colombia en la solución legal para muchos enfermos terminales o personas con problemas de salud graves, que requieren de un analgésico natural y asequible para aliviar el dolor; razón por la cual es necesario que los congresistas se documenten, revisen el escenario internacional y adopten la mejor decisión en beneficio de aquellas personas que deben soportar el flagelo de una enfermedad indeseable.

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