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Carlos Parra Dussan viernes, 25 de septiembre de 2015

Según Carlos Puche González, director de la Asociación de Futbolistas de Colombia Acolfutpro, “los jugadores que militan en el país tienen más garantías de seguridad social, luego de que el gobierno nacional expidiera la Ley 1445 de 2011, que garantiza el pago de salud y pensión de estos trabajadores del fútbol”.

Afortunadamente la Ley 1445 de 2011, especifica en su artículo 8º que “Los clubes con deportistas profesionales que incumplan con el pago de obligaciones laborales, pago de aportes a la seguridad social, pagos parafiscales u obligaciones impositivas por un período superior a sesenta días, el Instituto Colombiano del Deporte (Coldeportes) procederá a suspender el reconocimiento deportivo.”

Si es cierto que el pago de seguridad social lo realiza la Dimayor gracias a un acuerdo por los derechos de televisión  con los clubes colombianos, pero los planes privados de salud, como la medicina prepagada o los aportes voluntarios a pensión, tienen que ser asumidos por el futbolista.

Sin embargo, antes de que se aprobara esta ley del deporte, muchos deportistas quedaron con una lesión de por vida y desprotegidos sin una pensión, como Diego Cortés, que quedó inválido tras caer de 15 metros de altura; Arley Dinas, quien no pudo volver a jugar tras lesionarse con la selección Colombia durante la Copa América de 2004 y Jeffrey Díaz, quien tras tener una doble  lesión de rodilla no pudo volver a batir los arcos contrarios. 

Imposible olvidar el asesinato de Andrés Escobar, el “caballero del fútbol”, tiroteado en el parqueadero de una discoteca de Medellín el 2 de julio de 1994, días después de anotar un autogol en el Mundial de Estados Unidos.

Desde luego que recordamos el caso del profesor Luis Fernando Montoya, técnico campeón de la Copa Libertadores con el Once Caldas, que el 22 de diciembre de 2004 resultó gravemente herido por criminales que le dispararon cuando intentó defender a su esposa de un robo, quedando  con una cuadriplejia, convirtiéndose en el  campeón de la vida.

No olvidamos el caso de Albeiro Usuriaga, el histórico delantero de la selección Colombia, que murió víctima de los celos que el líder de una banda delincuencial tenía por la entonces compañera sentimental de Usuriaga, ordenando el asesinato del exjugador vallecaucano el 12 de febrero de 2004.

De la misma manera, sicarios acabaron con la promisoria carrera deportiva del delantero Elson Becerra, en enero de 2006, cuando fue baleado en un bar del sector La Boquilla, en su natal Cartagena. 

En conclusión todos estos trágicos hechos, deben hacernos reflexionar sobre la violencia social en Colombia, sobre cómo nuestros futbolistas se ven afectados por distintos riesgos que amenazan su propia vida, siendo de vital importancia garantizar su seguridad social.
 

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