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Fernando Rincón Cuéllar jueves, 1 de marzo de 2012

Se ha venido tratando en los últimos días la reglamentación que se debe implementar para la fabricación y comercialización de los medicamentos biológicos y biotecnológicos, tema sobre el cual laboratorios extranjeros y nacionales vienen discutiendo, y respecto del cual el Ministerio de Salud está en proceso de expedición de un decreto sobre el tema.

Hace algunos años el debate versaba sobre las patentes, sus segundos usos, la efectividad de los genéricos y el inexplicable decreto 2085 de 2002 que limitó de una manera 'indirecta' la posibilidad de fabricación de medicamentos a pesar de no existir patentes. Ahora la pelea esta sobre otro posible tipo de barrera como es la producción y venta de los medicamentos biológicos y biotecnológicos y la posibilidad de su intercambiabilidad, es decir, sobre la posibilidad de sustituir este tipo de medicamento de un laboratorio por uno similar fabricado por otro.

Sobre esto, el Invima ha venido mencionando que desde el 2003 no se pronuncia hasta que determinen ciertos parámetros que hasta la fecha no se han establecido. Incluso, no conocemos dato estadístico relativo a efectos adversos de dichos medicamentos, o referentes a la intercambiabilidad, por lo que en principio asumiríamos que dichos efectos negativos no existen.

El diario El Espectador mencionaba en días pasados que siete de los diez medicamentos más recobrados en los últimos años al Fosyga hacían parte del grupo, adicionando que el Minsalud calcula que el país gasta unos US$1.000 millones cada año en su compra. Argumento que demuestra los posibles intereses que pueden existir en este mercado, y la lucha por obtener un monopolio.

Es necesario revisar detalladamente el borrador del decreto que se pretende expedir, teniendo en cuenta que el tema no se debe reducir solo al impacto económico en el sistema de salud, sino que versa sobre la salud y vida de los colombianos. Es solo hasta ahora que abre el debate por parte del Gobierno y no se está sujeto a los foros realizados por los actores que tienen puntos de vista diferentes.

Al mismo tiempo, es necesario revisar algunos puntos como el que se otorguen atribuciones a la Comisión Revisora del Invima con un grado alto para tomar decisiones con base en apreciaciones subjetivas; se plantee de manera indirecta la imposibilidad de que otros laboratorios puedan fabricar dichos medicamentos, con lo que se establece una barrera adicional al imposibilitar la competencia, garantizando precios altos y así limitando el acceso de los usuarios a este tipo de medicamentos. También aclarar la terminología utilizada respecto de los 'medicamentos de referencia', teniendo en cuenta que existen productos aprobados por el Invima que han mostrado su efectividad y seguridad, en donde sería imposible establecer el medicamento base para comparabilidad, lo que llevaría a suspicacias entre los laboratorios.

También hay que determinar expresamente las entidades encargadas de reportar la información para el registro de pacientes y el manejo confidencial que se le dé, que en ningún momento se preste para el provecho de un laboratorio y de lugar a conductas desleales, en donde se pueda llegar a jugar con la salud de los pacientes. Además es necesario que no solo se revisen las normas establecidas por la OMS sino las de otros entes gubernamentales que sirven de referencia para nuestra legislación sanitaria interna, y en donde se diferencian y establecen los distintos tipos de medicamentos biotecnológicos, que no se pueden medir y tratar de la misma manera.

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