Andrés Charria Martes, 8 de agosto de 2017

El pasado jueves este diario publicó en su editorial varios comentarios sobre las cifras que se pagaron por la transferencia del jugador Neymar del Barcelona FC al Paris Saint Germain. No entraré a hablar de temas deportivos o financieros o aún de todos los chismes que la prensa deportiva ha sacado a la luz; el asunto tiene un trasfondo jurídico interesante a analizar.

El primer aspecto es el de las cláusulas de recisión, que no son más que un acuerdo anticipado de “los perjuicios” a los que se vería enfrentado un club en el evento, como el de Neymar, en el que el jugador decide dar por terminado anticipadamente su contrato de trabajo. El valor de la cláusula de Neymar era (o es) de 222 millones de euros, si bien la legislación española permite este tipo de estipulaciones, su monto podría considerarse abusivo; tengo muchas dudas sobre la legalidad de estos acuerdos en Colombia, pues irían contra el derecho mínimo que le asiste al jugador-trabajador de renunciar a su club-empleador sin mediar indemnización alguna. Llama además la atención que el Barcelona FC esté reticente a recibir el monto pactado, no entiendo cómo de manera prácticamente impositiva “acuerda” con el jugador una suma excepcionalmente alta de salida y luego impide el pago de la misma.

Dice el Barcelona, o mejor, la Liga de Fútbol Profesional, supongo defendiendo al Barça, que el club parisino está siendo manejado por un fondo de inversión, que al pagar el PSG esta suma de dinero estaría infringiendo las normas de Fair Play Financiero que desde hace ya algún tiempo están vigentes en la Uefa. Este programa, complejo, con muchas variables contables y financieras busca básicamente que los clubes no gasten más de lo que reciben por el giro ordinario del negocio y que paguen y cumplan con sus obligaciones. El presidente de la liga habló de dopaje financiero (¡!), como si algunos equipos de la liga española y aún el propio Barcelona no estuvieran dispuestos a entrar en esta espiral irracional, y repito, se negó a recibir el cheque de los 222 millones de euros. Es absurda esta posición; no es la liga española la llamada a analizar o juzgar el comportamiento de Neymar o el PSG. Expertos financieros pueden hacer viable desde el punto de vista contable la transferencia, hay varias soluciones para no transgredir este reglamento, adicionalmente la revisión de Uefa es posterior, con estados financieros aprobados y no previa. No me gusta este sistema pues, olvida la Uefa, que en el fútbol como en cualquier actividad, existen ricos que están dispuestos a pagar, con dinero lícito sus caprichos y que al resto de los mortales nos toca ser observadores, hecho bastante normal en los deportes profesionales y más aún en EE.UU.

El tercer aspecto jurídico interesante es el de la conducta del agente. En el caso de Neymar, su padre, se enfrenta de manera directa y vigorosa contra el club con el único propósito de defender los intereses de su jugador, esta actitud no es común observarla en un agente “normal”, dudo mucho que, salvo el padre de un jugador, el agente o intermediario tenga el valor de pelear con uno de los clubes más grandes y poderosos del mundo y cerrar puertas con el Barcelona en transferencias futuras, por muy lucrativo que sea la presente transferencia. Los agentes enfrentados a dilemas como este prefieren acomodarse a los clubes que de todas maneras recibirán a sus clientes y seguirá recibiendo él (el agente) grandes sumas de dinero y atenciones y seguramente serán todavía mejor tratados.