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  • María Camila Suárez Peña

sábado, 4 de febrero de 2017

“Conservar en todo el territorio el orden público y restablecerlo donde fuere turbado” y “proveer la seguridad exterior de la República, defendiendo la independencia y la honra de la Nación y la inviolabilidad del territorio”, son dos de las funciones que, según el Artículo 189 de la Constitución Política, tiene el Presidente de la República, cargo al que llegará el próximo año un nuevo dirigente. Una responsabilidad nada fácil a la que se enfrentará alguien que, ojalá, antes que carrera política, amigos en las alcaldías y gobernaciones, tenga transparencia y entienda la realidad nacional. 

Por el momento que vivimos, la paz ya dejó de ser bandera de campaña. Será, sin duda, un asunto crucial para el futuro, y la postura que tenga el candidato que vaya por la presidencia, definirá también si se alzará con el título de Presidente. Pero este tema, me atrevo a decir, ya cruzó la línea del punto de equilibrio. Así que la gente espera más propuestas. 

Así las cosas, una de las propuestas que marcarán la contienda electoral será la lucha contra la corrupción, no solo porque este ha sido un mal histórico colombiano, sino porque los recientes escándalos en los sectores privado y público, a los que se siguen sumando nuevos implicados, han dado material para que los precandidatos demuestren que no son más de lo mismo -un discurso que debe pasar del discurso a las acciones-, y para que la sociedad, cansada de las mentiras de los dirigentes, salga al menos a votar, que es el paso mínimo para generar un cambio. 

Entonces, alistémonos para ser críticos. Para escuchar propuestas, para ver acciones y, sobre todo, para evaluar la carrera política de quienes están en la baraja y van por el cargo más importante del país. 

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