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Diego Borbón Rodríguez viernes, 30 de septiembre de 2016

La oportunidad histórica de acabar la violencia con la guerrilla de las Farc, es quizás uno de los momentos más trascendentales de la historia de nuestro país. Es una oportunidad de crear una gran reflexión nacional en torno a las nuevas prioridades de Colombia. La salud es una de esas, y es quizás la más problemática y necesitada. 

Miles de colombianos se ven obligados a interponer tutelas para exigir un mínimo de respeto por sus derechos y su vida, y muchos lastimosamente han fallecido esperando el tratamiento necesario. Paradójicamente en 2009, el grupo SaludCoop estuvo entre las 100 empresas más grandes de América Latina, mientras las quejas por el pésimo servicio aumentaban. 

En La Habana no se negoció el sistema de salud, y no se puede esperar que con la refrendación a favor de los acuerdos este mejore por sí solo. Si bien, con la terminación de las hostilidades con las Farc, el sistema de salud obtendrá un respiro, el camino que falta para construir un verdadero sistema inclusivo y eficiente es largo. Pero lo que sí nos permite el acuerdo es replantear las políticas públicas que deben empezar a tener un verdadero enfoque social, buscando la igualdad y calidad en la prestación de este servicio.

Construir el país que muchos colombianos quieren es posible, y se comienza dando un paso hacia adelante para acabar con nuestro conflicto armado interno. Una vez las Farc dejen de ser un grupo armado, para ser un partido político, la sociedad colombiana debe alzar la voz para cambiar los problemas por soluciones. La única manera de lograr esto es apuntar a la lucha contra la corrupción, un camino muy difícil, pero posible. Los ciudadanos deben empoderarse de las decisiones que se toman y es necesario que se haga control social a los recursos públicos que maneja la clase política. 

Cuando la salud deje de ser un negocio y pase a ser una prioridad social, será ahí cuando el sistema de salud mejorará en nuestro país. Esto permitirá aumentar significativamente la calidad y el acceso. La cobertura aumentaría paralelamente con la llegada del Estado a regiones, que por razón de la guerra, estuvieron abandonadas. Si los ciudadanos se comprometen a vigilar los recursos y las decisiones del Estado se lograrían grandes mejoras en el sistema.

Para finalizar, insisto, la paz no trae consigo una mejora en el sistema de salud, pero sí permite a la ciudadanía colocar en las prioridades del país la salud de sus connacionales. Deja una puerta abierta a cambios significativos en las políticas públicas del Estado, que ya no podrá derrochar miles de millones de pesos en fusiles con la excusa de la guerra, sino en educación y salud. Esta es una oportunidad que debe ser aprovechada.

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