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Sylvia Di Terlizzi Martes, 19 de junio de 2012

La dinámica del mercado está determinada fundamentalmente por la preferencia de los consumidores respecto de los bienes y servicios que deben llegar a satisfacer necesidades muy variadas que van desde las más básicas y sencillas a unas más elaboradas y complejas.

La tendencia sobre productos orgánicos sirve de ejemplo para ilustrar esta situación. En efecto, con cada día que pasa, aumenta el número de consumidores que demandan productos y comidas libres de preservativos y pesticidas como una necesidad fundamental para conservar la salud.

De igual forma, es cada vez mayor la demanda de los consumidores por obtener productos y servicios más amigables con el medio ambiente. No obstante, en Colombia la información disponible respecto del mayor o menor impacto que la producción o prestación de un bien o servicio pueda generar en el ambiente no es fácilmente accesible.

Surge así un gran interrogante sobre cómo visualizar e informar al consumidor sobre las eficiencias ambientales que se incorporan a los bienes y servicios que se comercializan en el mercado, cuando las más de las veces se trata de eficiencias que no siempre se logran contabilizar sino que sólo se convierten en externalidades que terminan generando un impacto medioambiental en el mediano a largo plazo.

Sin que la respuesta a este interrogante sea única e irrefutable, una alternativa la constituye el eco- etiquetado, que no es otra cosa diferente a una herramienta visual que se incluye en los bienes o servicios y que le informan al consumidor que aquéllos han sido producidos con unas determinadas características que los hacen en mayor o menor medida más amigables con el medio ambiente. Existen varias clases de eco-etiquetado, pero esencialmente se pueden agrupar en dos categorías: aquéllos que requieren de un ente certificador y aquéllos que son sólo declaraciones de información del fabricante o prestador del servicio. En uno y otro caso, se trata de herramientas totalmente voluntarias, que deben proveer al consumidor información clara y concreta sobre sus características ambientalmente amigables.

Desde el año 2005, mediante la Resolución 1555 del Ministerio de Ambiente Vivienda y Desarrollo Territorial, Colombia ha regulado el llamado Sello Ambiental que no es otra cosa que el eco-etiquetado mediante el sistema de certificación con el fin de garantizar la independencia y credibilidad del sello, el cual para su implementación requiere de la definición de criterios ambientales preestablecidos que se ajusten a los parámetros legales ambientales y entidades certificadoras previamente autorizadas por el Ministerio de Ambiente. A pesar de que el Sello Ambiental Colombiano cuenta con el andamiaje legal e institucional necesario para su implementación, poca ha sido su utilización hasta la fecha. Sin embargo, con la reciente entrada en vigencia del TLC con los Estados Unidos, se le brinda un nuevo impulso a esta iniciativa ambiental. En efecto, el acuerdo bilateral, expresamente establece el compromiso de fomentar mecanismos que provean por la preservación del ambiente.

Teniendo en cuenta lo anterior, la apertura del mercado nacional hacia el territorio estadounidense se convierte en un reto y una alternativa para los productos y servicios colombianos que con la masificación del Sello Ambiental Colombiano, fortalecen su competitividad y apuntan a atender nuevas necesidades que se manifiestan en el mercado. Se trata de una nueva oportunidad que no se puede desaprovechar.