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Lunes, 23 de julio de 2012

Dentro de las varias definiciones políticas que han existido a lo largo de la historia, el Estado es una más; es la obra de arte del renacimiento (Burckhardt). El concepto diferencial del Estado es su soberanía; Bodino la definió como poder absoluto y perpetuo que permitió superar la poliarquía medioeval: absorber los poderes locales e independizarse delpapado y el imperio.

En la medida en que la soberanía se ha debilitado, el Estado ha entrado en decrepitud. Dela soberanía poco queda en una sociedad en que, más que tributarios del Estado, somos consumidores locales de productos que tienen presencia y comercialización en todo el orbe.

Las fronteras están superadas por las redes invisibles de la comunicación. El eje de decisión se ha desplazado de los territorios y de las autoridades estatales a las bancas multilaterales o a los órganos de administración de las multinacionales.Esta nueva realidad impone repensar el Estado.

Advertido el riesgo que para la sociedad abierta representa el holismo,encontramos en Hegel, un punto de partida: mientras la sociedad civil persigue el egoísmo universal, al Estado lo anima el altruismo universal. La recesión económica de la tercera década del siglo pasado abrió la puerta al Estado empresa que, con instrumentos legislativos y administrativos, actúa directamente en el mercado para aumentar la demanda agregada mediante políticas de generación de empleo. El resultado: un Estado ampliado, gran patrono, con tentáculos expandidos a todos los espacios económicos. Los totalitarismos fracasaron. El Estado no puede extremarse a punto de absorber la familia, la diversidad, la diferencia, para generar un 'mundo feliz'.

El suicidio de John el Salvaje -personaje de Huxley-, es el final trágico de una humanidad a la que le es inherente la contradicción. No podemos ser enteramente felices, ni completamente desgraciados.La estanflación que siguió a la crisis del petróleo de 1973, obligo a revisar el modelo de gestión económica keynesiana para dar espacio al neoliberalismo del que son elementos básicos: la libertad de elegir, la iniciativa privada. Septiembre de 2008 marca el inicio de un nuevo modelo, aún en proceso de gestación. Colombia está en un momento difícil de repetir, crece en el declive de las economías del primer mundo.

Las crisis exigen el refinamiento de los modelos de gestión. El aprovechamiento de los recursos, la atención de las exigencias de los mercados dilatados por los tratados de libre comercio imponenun Estado gerente,gestor del altruismo universal, capaz de negociar de tú a tú con las empresas en un mercado que conoce también como los agentes privados y suficiente para invertir en fuente sustituta de riqueza los valores generados en las transacciones.

Las asimetrías en la información, la ineptitud negociadora del burócrata, su ausencia de compromiso, su mala paga, son todos espacios abiertos para el asalto del interés egoísta de las multinacionales o de las empresas locales. No se trata de que la incapacidad estatal anule la iniciativa; se persigue una cooperación entre el Estado gerente y los intereses privados, un 'gana gana'. Singapur es un ejemplo:sus funcionarios han sido comprobados como los mejores en sus respectivas labores privadas; esos, que antes servían a unos, trabajan ahora para beneficio de todos, son gerentes de la cosa pública; condición que enaltece y compromete, altamente reconocida y remunerada. La empresa estatal dotada del elemento humano, es competitiva, eficaz y eficiente. Sin una gerencia estatal, repetiremos el modelo colonial de asalto y pobreza.

Fernando Álvarez Rojas

Abogado
 

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