Miércoles, 24 de septiembre de 2014

Se alcanzaron a lograr algunos avances, incrementar la producción de hidrocarburos y commodities mineros para la exportación, crecer las finanzas públicas a través de regalías e impuestos, mejorar la gestión en materia de inversión social y en infraestructura, pero justo cuando las cosas iban bien, permitimos que los saboteadores dieran por terminado el esfuerzo. Los inversionistas vinieron, algunos de ellos, todavía permanecen, a pesar de las múltiples dificultades que se les han creado, y los proyectos no despegan ni las metas se cumplen. Diagnósticos sobre lo que ocurre y habría que hacer para reactivar la industria y, con ella, los ingresos y las finanzas públicas, ya existen y con profundidad.  Hasta hemos creado equipos para sacar adelante los llamados proyectos PIN o de interés nacional. Tenemos muy claro lo que está ocurriendo, y no es cierto que se deba sólo a factores externos, como la caída de precios. Cabe gran responsabilidad a la campaña de desprestigio y movilización de comunidades, que se viene adelantando y de la cual son responsables unos cuantos. Bástenos mencionar los foros que se llevaron a cabo la semana anterior. Fueron reuniones donde proliferaron los juicios en contra de la industria minero-energética, los aplausos para aquellos expositores que, de manera virulenta se ensañan contra esta, y el adoctrinamiento que se hace a los asistentes, tanto funcionarios públicos como privados, sobre los males que se avecinan si se permite el avance de la industria. Todo ello a pesar de que tímidamente se reveló, también en la semana anterior, la importancia que las regalías han tenido para el desarrollo regional y los programas sociales, y del debate sobre de dónde sacar dinero para financiar al Estado en el inmediato futuro. 

Como todo lo que es importante para el país, se requiere de voluntad nacional y de ponerse de acuerdo. Sin embargo, los colombianos hemos demostrado hasta la saciedad que somos muy buenos en sabotearnos a nosotros mismos, al igual que para dejar en la decisión de unos pocos, el destino de todos. Es hora de superar esto. Por ello, me permito hacer un llamado a  los ciudadanos responsables, para que no se dejen llevar por los apasionamientos y la mala información. Que se involucren en los temas de interés nacional, se informen con responsabilidad y luego decidan. El voto de confianza hay que darlo a quienes demuestren merecerlo, y no a quienes gozan de aptitudes oratorias. Este país es bendecido con muchos recursos naturales, y debe reflexionarse sobre cómo hacer su aprovechamiento sostenible, para mejorar la condición de vida de todos los colombianos y la distribución equitativa de oportunidades, como lo dispone el artículo 334 de nuestra Constitución Política. 

Ahora, si no hacemos algo al respecto, hay otro sector que junto con el minero-energético esta llamado a impulsar el desarrollo, y que  también se encuentra en riesgo: el sector de la infraestructura. Ellos está sufriendo los mismos ataques sin cuartel que, seguramente, los llevarán al estado de postración en que se encuentra el sector minero-energético. Ojalá puedan tomarse medidas a tiempo, y en ello esta empeñado el señor Vicepresidente de la República, al cual le deseamos mucha suerte ya que la batalla no será fácil.