Sábado, 6 de diciembre de 2014

Estas personas, de haber sido deportistas de élite, difícilmente habrían podido estar en tal estado en el momento que ocurrieron estos accidentes, pues para la Agencia Mundial al Dopaje el alcohol está prohibido en deportes aéreos, automovilismo y motonáutica.

El deporte es en la única actividad en la que se realizan controles para evitar el uso de sustancias que alteren el rendimiento o perjudiquen la salud de quien las consuma, ¿no deberían muchas actividades productivas en las que está envuelta la vida de muchas otras personas o muchísimo dinero en juego tener un sistema de control de ingesta de sustancias prohibidas?

Tan estricto es el sistema de control al dopaje que un deportista con problemas de tensión arterial alta no puede consumir un diurético que de manera efectiva controla el problema y evita, lógicamente, accidentes cardíacos. Los diuréticos a pesar de no mejorar el rendimiento están en la lista de sustancias prohibidas pues se consideran enmascarantes de otras sustancias; así pues, un deportista a la que se le encuentre esta sustancia será inmediatamente suspendida, al menos durante dos años.

Si bien el consumo de alcohol en el lugar de trabajo es justa causa para dar por terminado el contrato de trabajo, debe ser invocada por el empleador y muchas veces se tolera esta falta y no se toman las medidas para que esto no vuelva a ocurrir. Hace unos dos años un conocidísimo comentarista deportivo, durante más de media hora, hizo un programa radial en evidente estado de embriaguez, con comentarios totalmente ridículos y hasta jocosos; salvo que el audio fue oído por infinidad de personas y comentado en las redes sociales, nada pasó, el famoso periodista sigue dando cátedra sin que su conducta haya sido castigada.

En el deporte y el control al dopaje no existe esta posibilidad, la política es de cero tolerancia. Una vez cometida una infracción al dopaje, el deportista de manera casi inexorable será sancionado, no importa si la ingesta haya sido involuntaria para proteger la salud y que el medicamento, como el caso de los diuréticos, no tuviese la capacidad de mejorar el rendimiento en el deporte, positivo por sustancias prohibidas es igual a sanción.

Sería deseable que personas que administran dinero ajeno, que conducen aviones comerciales o que manejan armas, fuesen controlados en el consumo de sustancias prohibidas o al menos alcohol y que los resultados fuesen públicos; no solo en el deporte sino en muchísimas actividades el consumo de determinadas sustancias pueden poner en riesgo infinidad de personas y lugares. No me sentiría seguro de que quien maneja mis ahorros consuma de manera permanente antidepresivos o que el vigilante de mi edificio tuviese problemas de alcoholismo.

En actividades como reinados de belleza la situación es totalmente opuesta, se premia a aquella persona que más sustancias y sobre todo métodos ha utilizado para lograr una ventaja artificial frente a las demás participantes, una operación estética encajaría, en el deporte, como un método prohibido dentro y fuera de competencia, en lo reinados, evidentemente ocurre lo contrario y gana aquella participante que cuenta con mayor capacidad económica y ha logrado mejorar de manera más adecuada su rendimiento.

Desafortunadamente, solo el deporte se preocupa que sus afiliados no consuman sustancias que alteren sus organismos y prohibe y sanciona el consumo de éstos. De haber existido un control similar al de la Agencia Mundial al Dopaje muchos de los accidentes presentados últimamente no habrían ocurrido.

Acorde con lo escrito hace algunos días sobre violencia y fútbol, en España la semana pasada murió un seguidor del Deportivo de la Coruña por enfrentamientos fuera del estadio pero con ocasión de un partido con la barra del Atlético de Madrid. La reacción de todos los estamentos, clubes y dirigencia fue la misma: cero tolerancia, se disuelven las barras, se prohibe el ingreso al estadio DE POR VIDA a los violentos y se destituyó al dirigente que estuvo en el funeral del hincha fallecido. El fútbol no debe estar nunca cerca a los violentos. ¿Cuántos muertos se necesitarán en Colombia para que se haga lo mismo?