Agregue a sus temas de interés

Agregue a sus temas de interés Cerrar

martes, 14 de octubre de 2014

Los trabajadores son fácilmente sustituibles, en cualquier momento y en situaciones de desempleo se consiguen excelentes trabajadores de una manera fácil y rápida. Es por esto que dentro de los principios del derecho del trabajo se habla de favorabilidad, que implica que cualquier duda sea resuelta en favor del trabajador, que repito, es la parte débil de la relación de trabajo. 

La pérdida de un trabajador no afecta la estructura financiera ni el balance del empleador, como máximo deberá pagar sumas de dinero a título de indemnización, pero no hay cambios financieros a consecuencia de un despido o una renuncia de un trabajador, por importante que este sea para la compañía y el reemplazo de la persona despedida se puede contratar en cuestión de horas o días.

El fútbol, en este aspecto es totalmente diferente, me atrevo a decir que en esta actividad la parte débil es el equipo empleador; no quiere decir por esto que se deba invertir el principio de favorabilidad o se pretenda manejar el contrato de trabajo de los futbolistas profesionales como uno civil, nada de eso, simplemente, que la pérdida de un jugador para un equipo de fútbol tiene consecuencias deportivas, laborales y financieras que hacen al club tremendamente vulnerable.

La pérdida de un jugador tiene lógicas consecuencias deportivas, por la reglamentación del fútbol no se puede remplazar en mitad  de campeonato a un jugador que se retira o se lesiona, el club deberá esperar a un nuevo período de inscripciones para reemplazar esta baja. La pérdida de un trabajador es frecuente en cualquier empresa diferente al fútbol, pero su solución es inmediata, se busca un reemplazo lo más rápido posible, podrá costar e implicará la pérdida de conocimiento, todas solucionables de manera mucho más efectiva fuera del fútbol. Un empelado que se retira, por cualquier causa, no afecta la situación financiera de su empleador, en el caso del fútbol impacta directamente al activo pues están allí registrados los derechos de inscripción, económicos o el nombre que se le quiera dar a estos de sus jugadores. El activo de un equipo de fútbol tiene contabilizado una suma importante de dinero por cada jugador contratado; la Juventus tiene registrados los derechos de Carlos Tévez por más de 11 millones de euros, el Borussia Dortmund tiene una cuenta de Activos fijos intangibles de más de 60 millones de euros que es el valor “en libros” de sus jugadores, así, la pérdida de un jugador en el fútbol pone en riesgo la situación financiera del club pues de un día para otro se deberá restar del activo el valor del jugador ausente. 

Por lo anterior es claro que a los jugadores de fútbol no se les despide, a pesar de lo que la prensa indique de manera permanente. 

Los clubes pueden tener más grandes y poderosas justas causas para despedir a un jugador indisciplinado pero nunca toman la decisión de despedirlo pues no solo implica la pérdida de un miembro de la plantilla, sino la disminución inmediata de su activo y la perdida de sumas futuras importantes de dinero.  He tenido que asesorar clubes cuyos presidentes piden a gritos el despido de varios jugadores sin lograrlo, la pérdida económica no lo recomienda. 

Hace poco tiempo dos jugadores de equipos ingleses hicieron durante prácticamente un semestre todo lo posible para ser despedidos sin lograrlo, al final estos dos fueron transferidos por sumas importantes a equipos italianos.

Los jugadores profesionales de fútbol manejan una posición de privilegio frente a su empleador, adicionalmente son bastante mejor remunerados que la mayoría de trabajadores.

Frente a esta posición desventajosa los equipos deben adoptar políticas cuidadosas en el manejo de su recurso humano y la gestión de los contratos. La primera medida es contratar a sus jugadores en observancia no solo de las características deportivas sino la condición humana de cada atleta, deberán también cumplir con la totalidad de las obligaciones laborales pues su incumplimiento implicará la pérdida de sus jugadores, adicionalmente se deben redactar cláusulas de recisión, regímenes disciplinarios y generalizar el uso de prorrogas y cláusulas que protejan este activo en ocasiones complejo. Es difícil pero al final se logra recomponer el equilibrio y defender sus intereses.