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sábado, 22 de abril de 2017

Todo parece muy sencillo y eficaz, si no hay hinchada rival, no habrá problemas, como no habrá problemas, no es necesario controlar las tribunas, todos los “muchachos” son amigos y apoyan al mismo equipo y entre ellos no se van a pelear, por lo tanto, se hace innecesario el control y la presencia de las autoridades. Hay que ser muy ingenuo para pensar así, pero esa es la solución actual a la violencia en los estadios en Colombia.

Llevo viendo fútbol algo más de 40 años y las peores peleas que he visto han sido con la aparición de las barras bravas y curiosamente entre simpatizantes del mismo equipo, en mi memoria hay dos escenas, la primera en el Campín, un hincha de Santa Fe es tirado desde una tribuna por hinchas de Santa Fe y otra, en Defensores del Charo (Asunción) pelea con grandes cuchillos entre simpatizantes de Cerro Porteño, dentro de la barra misma de Cerro, en el estadio de Cerro.

Siempre ocurre lo mismo, minutos de silencio, golpes de pecho, preocupación de los dirigentes y poco más, las normas son claramente ineficientes, la violencia en los estadios cada vez es mayor. 

El organizador del espectáculo debe ser la entidad que, en unión con las autoridades, debe asegurar (obligación de resultado) la integridad de todos los asistentes a un partido de fútbol; si esta falla, deberá ser el organizador quien asuma las consecuencias y a quien se sancione. El problema son las sanciones; jugar a puerta cerrada poco afecta al organizador; a veces es preferible no contar con los energúmenos de turno y bajar costos, al fin y al cabo, los ingresos del fútbol cada vez están menos relacionados con la boletería y más con derechos de televisión. Sanciones deportivas reales como la quita de puntos o la pérdida de partidos son claramente eficientes. 

Alguna vez hablando con un director de policía me decía que no tenían herramientas jurídicas para controlar a los vándalos en el estadio y me dio el ejemplo de los conductores borrachos, con una norma bien diseñada, se acabaron o al menos se redujeron en un porcentaje importante los conductores con tragos, aparecieron soluciones como el conductor elegido y personas que conducen a la casa a los “borrachitos”. Las autoridades en el caso de la violencia en el fútbol no tienen herramientas y los clubes mientras no sufran de verdad consecuencias negativas por su falta de control poco harán para erradicar este terrible mal.

La seguridad en el estadio es asunto de autoridades y el fútbol propiamente dicho, así se ha hecho en los lugares donde se ha solucionado este problema, quita de puntos, penas de cárcel, multas, prohibición de asistir a los estadios y otras más que nos permita a quienes no tomamos el fútbol como un pretexto para desfogar nuestras frustraciones y ver un partido en paz.