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lunes, 24 de septiembre de 2018

El pasado domingo 16 de septiembre se corrió la Maratón de Medellín que según su publicidad es la carrera más antigua de Colombia con esas características; este evento tiene varias particularidades que permitirían pensar que se trata de la competencia atlética de calle más importante del país. Como primera medida y a diferencia de Bogotá, es una competencia de la maratón completa, es decir un poco más de 42 kilómetros; prueba exigente como pocas pues por altura sobre el nivel del mar, más de 1.400 metros y clima, requiere una preparación cuidadosa, adicionalmente tiene en el mismo evento competencias de 5, 10 y 21 kilómetros lo que hace que la organización deba ser impecable para evitar inconvenientes.

Para septiembre de 2012 o tal vez antes fui por primera vez a esa carrera y me llamó la atención la deficiente organización, en mi caso las dificultades se presentaron en las estaciones de hidratación donde no hubo suficiente agua y bebida hidratante, situación incómoda para unos y muy peligrosa para todos los participantes que dadas la temperatura y humedad de la ciudad ponían en riesgo su integridad física. Afortunadamente, al año siguiente este inconveniente fue muy bien solucionado y no hubo problemas en ese aspecto, tomé atenta nota de la pobrísima logística en temas de llegada, salida y control de tráfico, que superaba con creces a la muy desorganizada media maratón de Bogotá. Dije en su momento que, si bien la maratón de Medellín servía para clasificar a la de Boston, nunca lo haría allí pues, repito, la organización es muy floja y correr 42 kilómetros a temperaturas alrededor de los 20 grados con alta humedad requiere que la organización sea impecable y si bien no lo podía corroborar hasta lo ocurrido este año, la logística del evento nunca me gustó.

En la última edición de esta maratón, ocurrió lo que no debería pasar en ninguna carrera de este estilo, un carro atropelló al deportista que iba liderando la competencia. La organización se disculpa indicando que el infractor hizo caso omiso a las indicaciones de tráfico, pero varios testigos indican que no había ni señalización ni personal que controlara esta situación. Dice el director de la carrera que se utilizaron 47 agentes de tránsito para controlar la competencia. Es decir ¡un poco más de un agente por Kilómetro! Un evento de estas características requiere una logística importante, no creo que apenas 47 agentes de tránsito sea una cifra siquiera mínima para manejar el tránsito de la segunda ciudad del país que se somete a una competencia que bloquea muchas vías.

Otro problema que se presentó y que también hay versiones diferentes fue la muerte de un participante luego de atravesar la meta; en estas competencias es perfectamente posible esta situación, lo que no se puede admitir es que la asistencia demore más de 10 minutos en llegar (eso dicen varios testigos) al sitio de meta donde por lógica ocurren la mayoría de estos incidentes.

Los precios de inscripción a estas actividades no son baratos y lo mínimo que un corredor espera es que su vida no corra peligro, que los carros no se atraviesen, que las condiciones de la carrera sean las adecuadas y que en caso de un accidente los médicos y ambulancias estén en el menor tiempo posible. La responsabilidad del organizador es extrema y la liga y Federación Colombiana de Atletismo, que reciben ingresos por estas carreras deben velar por que los deportistas no sufran los percances como los ocurridos en Medellín.