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lunes, 16 de mayo de 2022

En el mismo momento, dos jugadores de fútbol, figuras en sus equipos tomaron la decisión de no renovar su contrato de trabajo que los unía con su club empleador. Robert Lewandowski jugador polaco quien llegó al Bayern de Múnich luego de no renovar con su antiguo club el Borussia Dortmund decidió no renovar su contrato con Bayern y buscar nuevos horizontes con la ventaja que implica ser un gran jugador y que su nuevo club no deba pagar nada por hacerse con sus servicios. En Colombia Andrés Felipe Román, lateral de Millonarios tomó esta decisión y al momento de escribir esta columna todo parece indicar que firmará contrato de trabajo con Atlético Nacional.

Varias son las reflexiones sobre esta situación; el primero es que para FIFA, uno de los principios más defendidos en sus reglamentos es el de la ESTABILIDAD CONTRACTUAL que no es otra cosa que los contratos de trabajo entre jugadores y clubes deben terminar por mutuo acuerdo o por vencimiento del término pactado. Los contratos de trabajo con futbolistas profesionales siempre deben ser a término fijo, esto implica la necesidad por parte de los clubes de gestionar sus contratos de manera racional y planificar con antelación los cambios de jugadores entre temporadas; por otra parte, le permite a un jugador buscar nuevas oportunidades en otros clubes al aprovechar que al no tener vínculo con algún club no es necesario, para firmar con otro club empleador, pagar suma alguna por concepto de transferencia.

Resulta ofensivo para los clubes, sobre todo los sudamericanos que un jugador decida no renovar su contrato, se les tilda de traidores, desagradecidos o peores cosas, pues según el entender de los aficionados y en el caso de Román, algunos dirigentes, por el jugador se ha invertido mucho y lo mínimo que debería hacer un jugador en reciprocidad es renovar para que luego el club se beneficie económicamente de una transferencia. En Sudamérica es poco lo que se gasta o se invierte en jugadores, se pagan salarios altos para el medio pero esto no puede considerarse inversión; igualmente, el jugador ha desarrollado su trabajo para beneficio personal y del club que ha ganado torneos, ha recibido publicidad y ha vendido boletas.

Diferente es la situación si es el club quien decide no renovar el contrato de trabajo, no hay ninguna crítica para el club empleador que deja, de un día para otro a una persona cesante y con muy poco tiempo para conseguir empleo.

La situación es tal que se prefiere no alinear al jugador y seguir pagando su salario antes que dejarlo desarrollar su profesión, algunos indican que es lo mínimo que se debe hacer con un traidor. Desde el punto de vista jurídico es perfectamente aceptable pero no tiene sentido desde el punto de vista económico; ¿qué sentido tiene pagarle a un trabajador para que no realice su labor? Adicionalmente, se podría considerar una forma de acoso laboral que en el caso colombiano implica multas para quien acose o al empleador que lo tolere.

El tema no es nuevo, tal vez el más mediático fue el ataque de ira que a los dirigentes del Real Madrid y al propio director técnico con David Beckham cuando este indicó que no renovaría con el club español y se iría a probar suerte en Los Ángeles Galaxy. Los videos del jugador inglés dándole vueltas al campo de juego fueron famosos.

Si el jugador no quiere renovar, básicamente es porque en otro lugar le ofrecen mejores condiciones laborales o simplemente porque no quiere seguir en un equipo por razones personales. Nada mas.