Lunes, 16 de marzo de 2015

Sin exagerar, Colombia, el país de ‘miss tanguita’ y su desbordado folclor ha contaminado su riqueza cultural con festivales cuya “cereza del postre” es la iniciación sexual de algún nativo nada más y nada menos que con un burro; ha publicitado en todos sus rincones una auténtica marranada con peleas de gallos incluida, mientras desahucia por ignorancia un sinnúmero de perros en cualquier esquina de su territorio.

Sin bastarnos esto, los colombianos casi impotentes, hemos visto también cómo en nuestras costas, la fauna disminuye día a día a pesar de las diferentes campañas aisladas de concientización que de buena manera algún gobernante inquieto ha socializado con la comunidad; esa misma que al calor de cualquier noticia, adopta una posición inquisitiva a favor de los animales, mientras engorda su marrano para sacrificarlo de forma “didáctica” en el mes de diciembre.

En las ciudades principales los colombianos también hemos sido testigos de deportistas armados que van matando a cuanto perro los mire feo por la calle. Sin pudor, sin dignidad, sin inteligencia y con la prepotencia loba y desbordada del “usted no sabe quién soy yo”, ahora cualquier persona puede andar armada y establecer su propia legislación por la euforia momentánea ante cualquier discusión. ¿Qué tal llegar a una fiesta y no voltear a mirar a este tipo de deportistas?

Día a día la opinión pública se sorprende con alguna perla de nuestra justicia y quienes la representan. La Fiscalía, la Contraloría, la Corte Constitucional y la Policía cada segundo padecen de impactos negativos gracias a cualquier actuación de alguno de sus funcionarios y al parecer no tienen tiempo para atender los llamados a gritos de parte de nuestra sociedad que además de estar agotada por la inoperancia de nuestra justicia, reclama enérgicamente algo de interés y legislación para quienes no tienen voz, en este caso, los animales.

Mientras nuestra legislación precaria pareciera estudiar la posibilidad de devolverle el pase al ex concejal de Chía; por qué no, otorgarle la Cruz de Boyacá a Garavito, coronar a Gustavo Petro como mejor Alcalde, o darle un miss tanguita a Samuel Moreno; existen personas realmente preocupadas por los enormes vacíos constitucionales que tienen los demás seres vivos: los animales, víctimas de los maltratos de algunos humanos que no cuentan en este país con una legislatura importante que obligue a respetar su dignidad, su salud y sus vidas.

“Voces Animales” es uno de estos grupos que recientemente conocí gracias a la labor admirable de la modelo y empresaria Carolina Cruz y otros personajes públicos y anónimos que defienden los derechos de estos animales y que piden a gritos un respaldo legislativo con el fin de establecer un proyecto de ley que cobije a estos seres vivos pero que también judicialice duramente comportamientos como los más recientes y que tristemente acabaron con la vida de un perro criollo, llamado Príncipe.

Desde estas líneas, expresamos el respaldo a Carolina con su movimiento y convocamos al Gobierno Nacional y al Congreso de la República para que de forma célere y sin pasarse la pelota de un lado a otro, tomen cartas en este asunto que más que un escándalo mediático o un tema para romper el hielo, es una realidad con urgencia necesaria, no solo porque los animales no tienen voz para defenderse, sino porque fácilmente podríamos estar mejor si ellos fueran quienes nos gobernaran.