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martes, 19 de mayo de 2020

Después de revisar algunos de los millones de artículos que a diario circulan sobre el covid-19, no cabe duda que dicha enfermedad tiene dos aspectos fundamentales que las diferencian del resto de pandemias sufridas por la humanidad a lo largo de su historia: su alta contagiosidad y las redes sociales.

Sin querer menospreciar la gravedad médica del virus, que sin duda alguna merece y justifica todas las medidas de protección que se están adoptando a nivel mundial, pareciera que la conjunción de los dos aspectos antes anotados ha exacerbado los sentimientos de quienes debemos guardar el aislamiento social obligatorio.

Por una parte, el exceso de información generada en la Internet ha polarizado a la sociedad en defensores o contradictores de la cuarentena. Para justificar su postura ideológica, los generadores de opinión citan indiscriminadamente estudios técnicos, opiniones científicas o estadísticas económicas, desconociendo que muchas de ellas también son dictadas desde la pasión, con poco o nada de rigor técnico. De otro lado, los gremios, la academia y los consultores, han caído en la tentación de convocar rápidamente a sus miembros a un sinfín de encuentros, conversatorios y charlas en torno a los efectos del virus en el ramo respectivo. La apertura de cada uno de estos coloquios inicia con la aciaga frase “el mundo no será el mismo después de esta pandemia”.

Pues no. Permítanme disentir ¿Acaso desde el inicio de la revolución industrial, el mundo es el mismo día tras día? ¿Acaso antes de la pandemia, el cambio no era el paradigma constante de nuestra sociedad?. En la humilde opinión de quien escribe, el mundo seguirá siendo el mismo que hoy: una marea de cambios diarios que nos exige adaptarnos permanentemente. Las industrias se adaptaran y sobrevivirán como lo han hecho los últimos dos siglos. En las últimas décadas hemos visto cambios substanciales en todos los sectores económicos. La aviación mejoró sus procesos de seguridad para convertirse en el medio de transporte más seguro, el comercio giró sus estrategias de ventas hacia los canales electrónicos, el turismo ajustó sus habilidades con la llegada de aplicaciones que ofrecen sus casas como alojamiento y las compañías petroleras incluyeron en sus portafolios generación de energía verdes, por tan solo incluir algunos ejemplos.

Sin duda vienen tiempos difíciles. Los próximos 12 a 18 meses seguiremos enfocando nuestros esfuerzos en tratar de continuar con nuestras laborales diarias bajo las medidas de restricción actuales. Pero una vez el tratamiento y la vacuna se descubran, la sociedad no solo volverá a su labor continua de subsistencia, sino que habrá aprendido de esta crisis y será más fuerte como colectivo. Las lecciones de vida que nos ha dejado este asilamiento son positivas. Nos ha recordado la fragilidad del ser humano y la necesidad de valorar lo más básico.

Bien vale la pena recordar en estos momentos que la acepción original de la palabra pandêmon no hacía referencia a enfermedades, sino a conductas realizadas por la mayoría del pueblo. Hoy en día, la pandemia más difícil de vencer no es el virus. Es el negativismo.