Sábado, 7 de febrero de 2015

Las TIC se han convertido en parte indispensable y al parecer insustituible de nuestras vidas, al punto que ya la OMS ha reconocido algunos síndromes relacionadas con ellas que afectan la salud de las personas. La reflexión aquí tiene que ver con la relación, también al parecer insustituible y cada vez más indisoluble, entre las TIC y la vida privada del ser humano-trabajador. 

Hay que reconocer que la injerencia en general de las TIC en el devenir cotidiano general de las personas ha llegado a un punto tal, que las ha convertido en parte esencial del ámbito más íntimo de éstas; no se concibe salir a la calle sin el celular; no es posible trabajar sin internet; están presentes en todos los momentos de la vida, a contrario sensu de las aparentemente muy lejanas épocas de la telefonía fija y la ausencia de internet; condicionan la casi totalidad de las decisiones que adoptan los seres humanos; no reconocen usos horarios ni distancias; impactan tanto a los más jóvenes como a los adultos mayores. Son omnipresentes y omniscientes (sin Google no somos capaces de opinar, sin sistemas de geo-referenciación no nos movemos, etc.); son imposibles de burlar o huir de ellas.

Por esas mismas razones las TIC  no reconocen jornadas laborales, como tampoco distinguen entre espacios de trabajo y espacios personales. Y este es justamente el asunto objeto de reflexión, puesto que una cosa es la jornada de trabajo “presencial” del trabajador y otra muy diferente es la “jornada virtual”, aquella que responde a las exigencias de inmediatez propias de las relaciones virtuales en las cuales pareciera que el tiempo se comprime y se hace inexistente, pues todo se quiere para ya, sin lugar a tiempo para pensar, para evaluar, para dimensionar: responder el correo, el chat o el whatsapp, y por esa vía analizar el contrato, la orden de servicios, el pedido, los planos, el ensayo. Desesperamos cuando aparece el letrero que nos dice que descargar una aplicación tomará ¡¡¡unos segundos!!!”; nos parece una eternidad. En realidad la jornada virtual no existe puesto que la noción misma de jornada evoca límites y si algo caracteriza la movilidad virtual actual es justamente la carencia de éstos. 

Desde esta perspectiva, no son pocos los casos en que un jefe demanda de sus subalternos respuestas inmediatas a sus exigencias de trabajo sin tener en cuenta consideración alguna respecto de la jornada presencial de trabajo, si se trata de un dominical o un festivo, si es de noche o al amanecer,  o del ámbito privado de la persona. Claro, éste ámbito está hoy lamentablemente desmontado y ello en muy buena medida precisamente por la ansiedad de las personas por no estar desconectados ni un solo segundo; no puedo dejar de pensar en la relación con los primeros tiempos de la muy venerada Revolución Industrial, cuando la máquina de vapor desplazó al ser humano del centro del modelo económico y social de desarrollo. En aquel entonces las consecuencias fueron desastrosas y se tradujeron en la posterior legislación laboral que puso límites a la capacidad de la máquina para destruir al ser humano, ante la incapacidad de éste para seguirle el ritmo a aquella.

Forzoso es reconocer que somos nosotros mismos quienes demandamos que cada vez las cosas funcionen más rápido y nos hemos encargado de dar forma a esa inmediatez que ahora afecta profundamente la vida de no pocas personas en su vida laboral. 

¿Es tarde para pensar en el tema? ¿Vale la pena hacerlo? Hola,¿ hay alguien por ahí -en la red o fuera de ella- interesado en el asunto? Lo que me llama poderosamente la atención es que una entidad como la Organización Internacional del Trabajo no haya puesto el tema sobre la mesa para debatirlo tripartitamente (trabajadores, empresarios y gobiernos). Con seguridad que todos los que hacen parte de su Consejo de Administración (encargado de fijar los puntos que deben integrar el orden del día del órgano máximo de esta, su Conferencia Internacional del Trabajo, encargada de adoptar las Normas Internacionales del Trabajo), están tan absortos en las pantallas de sus celulares, iPad, portátiles, gps, que no han tenido “tiempo” para enfrascarse en este debate. O quizás es que no hay interés en hacerlo, vaya uno a saber…lo cierto es que, al menos en esta ocasión, Google con toda seguridad no tiene una respuesta a la pregunta.

Hasta la vista.