Domingo, 12 de julio de 2015

Es tan marcada nuestra tendencia a la violencia, que no solo se celebran estos actos, sino que se toma por bien hecho el empujón que el jugador colombiano, Bacca, le dio a Neymar en el final del partido de Colombia vs. Brasil, pero reprochamos al mismo Neymar por realizar actos en contra de algún jugador de la selección Colombia. Este doble estándar, propio de nosotros los colombianos, está abriendo una brecha que nos llevará a retroceder más de lo que hemos avanzado en los últimos años en términos de convivencia ciudadana y niveles de tolerancia, los índices que miden realmente la evolución o retroceso de una sociedad.  

Somos una sociedad sin capacidad de análisis. ¿Se ha puesto a pensar que tal vez esa foto del taxista que usted comparte en sus redes sea una venganza personal y no realmente lo que dice quién la publicó? Por un momento analice la posibilidad de que en esta sociedad sin reglas de juego, usted sea víctima de algún enemigo que actúa de forma desleal detrás de un computador haciendo este tipo de montajes. ¿Ha pensado usted en el daño que puede generar la viralización de este tipo de mensajes? ¿Tiene certeza de que lo que compartió otra persona acerca de un supuesto abuso es real? Estoy seguro de que, salvo en contados casos, no lo ha hecho. Ante este panorama, ¿no será mejor acudir a la institucionalidad que a las vías de hecho?

Lo anterior va de la mano de la ligereza, con la que algunos medios de comunicación manejan casos como los de “Usted no sabe quién soy yo”,  dedicándoles más tiempo que a verdaderas noticias de interés nacional, lo que ha generado una cultura que nos lleva a no ser analíticos sino reactivos. No podemos achacarle la culpa exclusivamente a los ciudadanos: el establecimiento ha demostrado su ineficiencia en actos de corrupción, muertes, etc., que han generado repudio, pero que al final no terminan en nada, dando un pésimo ejemplo a la sociedad y demostrando que la justicia se aplica según conveniencias e intereses particulares. 

La solución no es acabar con la honra y vida de una persona, porque valiente no es el ciudadano que desde la comodidad de su casa u oficina se “siente solidario” por compartir este tipo de contenidos: valiente es quien quiere generar el cambio. 

Para lograr eso, debemos replantear nuestro actuar en las redes sociales y pensar cómo podemos reflejarlo coherentemente en nuestro actuar ciudadano. De nada sirve compartir o linchar, si realmente no exigimos que haya un cambio de mentalidad y un replanteamiento de la política pública y en la transparencia en el actuar de nuestros dirigentes. 

Por eso, respetado ciudadano, antes de caer en estos actos reflexione, comprenda que de muchos de los hechos que lo indignan, el primer culpable es usted. Es tan sencillo como empezar por ejercer el derecho al voto con conciencia, respetar las normas mínimas de convivencia y ahí sí, exigir por parte del gobierno cambios estructurales que permitan generar espacios para la realización deproyectos de vida. De lo contrario, estará dando vueltas como el perro que intenta morderse la cola.