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martes, 28 de mayo de 2024

El término "lawfare" está de moda, acompañado además de la frase "golpe blando" (y no, no me refiero a males estomacales). La definición actual de lawfare es el "uso de acciones legales para causar problemas a un oponente". Se trata de persecución judicial, instrumentalización de la justicia o judicialización de la política.

A pesar de que algunos lo niegan, el lawfare es una realidad, y no es exclusivo de sectores o líderes de izquierda; también se usa contra líderes conservadores o de derecha. Es decir, la politización de la justicia es una herramienta utilizada en violación de derechos y garantías por aquellos con poder para aniquilar a sus enemigos, primero con una guerra psicológica, luego mediática y finalmente jurídica, aunque el orden puede variar sin afectar el resultado.

El lawfare afecta no solo al opositor político y al pueblo, sino también a quienes defendemos a las personas y sus causas. Se está utilizando para aniquilar abogados, para quitarnos, o al menos, intentar hacerlo, la legitimidad, dejando al político y a la ciudadanía sin quien defienda con vehemencia su causa. Quienes lo practican piensan que la abogacía tiene color político. La abogacía es también un ejercicio de democracia y política, pero los abogados no traemos la política a los estrados; traemos estrategia dogmática, normas y pruebas, nada más y nada menos. No nos identificamos con el procesado, ni nos pueden confundir con él por el hecho de ejercer la defensa de sus intereses.

Hoy día, opinadores con intereses claros u ocultos, crean discursos de ataque contra los abogados, que luego son recogidos por otros, denunciados y replicados en redes sociales con información inexacta o mentiras deliberadamente esparcidas con el único fin de deslegitimar al abogado. Se nos llama "abogados de la guerrilla", "abogados de paramilitares" y otros adjetivos que afectan en general el ejercicio de la profesión. Pero la mayor inexactitud es la idea de que "el mejor defensor es el vencimiento de términos", promovida por opinadores y creída por algunos funcionarios que, sintiéndose todopoderosos, compulsan injustas copias disciplinarias contra la defensa sin entender que un término jamás puede vencerse por responsabilidad de la defensa. La ley establece que cualquier maniobra dilatoria de la defensa se descontará del término. Un abogado defensor no podrá nunca obtener un vencimiento por maniobras ajenas a la ley y la lealtad.

Es momento de que los abogados nos unamos más para que ese lawfare que se nos hace a muchos de nosotros pare y se respete nuestro ejercicio profesional.

Iván Cancino, abogado litigante