El sector moda y retail vive un momento paradójico en Colombia. Las ventas crecen, los centros comerciales anuncian ocupaciones cercanas al 99 % y las marcas amplían su presencia. Según INEXMODA, el mercado de moda alcanzó 3,70 billones en 2024, con un crecimiento real superior al 3 %. FashionNetwork reporta que, a mayo de 2025, las ventas de prendas aumentaron más del 12 % anual y la producción nacional creció cerca del 5 %. ANALDEX, por su parte, indica exportaciones superiores a US$370 millones. La fotografía es optimista. Pero 2025–2026 imponen un matiz clave: el costo laboral está cambiando más rápido que el propio mercado.
Empresas emblemáticas del sector -como BOSI- han advertido públicamente que los recargos dominicales, nocturnos y festivos encarecen la operación. Grandes centros comerciales reconocen que la reforma laboral es uno de los temas en la lupa para esta etapa. Al mismo tiempo, el consumidor de 2025 mantiene sensibilidad al precio: compra, pero prioriza promociones, cautela y valor. Es decir, los costos suben, pero la capacidad de trasladarlos al precio es limitada.
La reducción de la jornada a 44 horas semanales sin disminuir salario, el inicio del trabajo nocturno a las 6:00 p.m., el recargo dominical que llegará al 90 % y los límites a la tercerización del “núcleo misional” están reconfigurando la operación. Para el retail —intensivo en mano de obra, horarios extendidos y temporadas altas— el impacto es estructural. Lo que antes era un tema administrativo hoy es un tema estratégico.
El riesgo, sin embargo, no está solo en los números. Está en la operación diaria. Muchas empresas aún no han actualizado sus matrices de recargos, sus reglamentos internos o sus modelos de turnos. Algunas autorizan horas extras de manera informal; otras compensan descansos sin evidencia suficiente; otras mantienen horarios extendidos que ya no se justifican frente al flujo real de clientes. A esto se suma un frente crítico: la cadena de suministro. Investigaciones sobre la industria de confección —incluidas las de Universo MOLA— muestran talleres donde operarias trabajan jornadas muy superiores a las legales. Con la reforma, esa brecha será más visible y más costosa, no solo en multas, sino en reputación.
También hay una tensión silenciosa: mientras el retail físico enfrenta mayores costos, el comercio digital y los actores globales presionan por precios más bajos. Esto obliga a las empresas locales a tomar decisiones de precisión y no de inercia. El sector ya entendió que no puede competir únicamente por precio; ahora debe entender que tampoco puede operar con estructuras laborales del pasado.
No obstante, el panorama no es negativo. Las compañías que están leyendo bien este momento están migrando hacia modelos basados en datos: ajustar turnos según tráfico real, reorganizar inventarios y promociones en horarios menos costosos, adoptar herramientas que permiten optimizar dotaciones por minuto y rediseñar la estructura laboral con criterios de eficiencia. Esta lógica —más cercana al retail internacional— convierte la reforma en una oportunidad de profesionalización.
El reto es claro: cumplir la ley y sostener el negocio al mismo tiempo. Para lograrlo, tres acciones son urgentes. Primero, un diagnóstico real de costos y riesgos por tienda. Segundo, revisar y formalizar la relación con talleres y maquilas: la reputación de una marca hoy depende tanto de su vitrina como de su cadena de confección. Tercero, actualizar reglamentos, contratos y la formación de jefes de tienda, porque los errores ya no nacen en la contratación inicial, sino en la ejecución diaria.
La moda y el retail seguirán creciendo. Pero solo serán sostenibles para quienes entiendan que, en esta nueva etapa, la gestión laboral dejó de ser un trámite y se convirtió en un factor de competitividad.
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