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OPINIÓN

El costo ambiental del sello migratorio

06 de mayo de 2026

Rodrigo Tannus Serrano

Socio de Tannus & Asociados

rtannus@tannus.co
Canal de noticias de Asuntos Legales

La agenda Net Zero ha dejado de ser un discurso aspiracional para convertirse en un criterio real de decisión empresarial. Hoy, las multinacionales miden su desempeño ambiental con rigor y lo reportan a inversionistas, casas matrices y mercados. En ese ejercicio, la movilidad corporativa empieza a ocupar un lugar central, no como un beneficio para el talento extranjero, sino como una fuente relevante de impacto ambiental y social que ya no puede ser ignorada.

Mover personas hacia y desde Colombia implica una huella concreta. Los vuelos de larga distancia, las rotaciones frecuentes y los esquemas de presencia física reiterada inciden directamente en las emisiones indirectas de las compañías. Bajo este escenario, estos desplazamientos forman parte de las emisiones de Scope 3: aquellas que, aunque no siempre están bajo control operativo directo, deben ser gestionadas, reducidas y explicadas dentro de los compromisos públicos de sostenibilidad.

En este contexto, la movilidad deja de evaluarse únicamente desde la legalidad formal. La pregunta de fondo ya no es solo si una asignación es viable desde el punto de vista migratorio, sino si resulta coherente con los objetivos ambientales que la organización ha asumido. A partir de esta realidad, se observa un interés creciente por esquemas de estancias cortas, presencia física estratégica y trabajo remoto complementario, especialmente en proyectos de transferencia técnica, supervisión especializada o fases críticas de implementación.

Colombia cuenta con instrumentos para atender necesidades puntuales de movilidad, como los permisos de asistencia técnica y las visas de visitante para actividades especializadas. Estas figuras han sido útiles y funcionales. Sin embargo, la discusión actual no gira en torno a su existencia, sino a su papel dentro de una economía que opera cada vez más por proyectos, ciclos breves y equipos rotativos, y no por esquemas de relocalización prolongada.

La virtualización adquiere aquí una relevancia jurídica inédita. Reducir viajes presenciales prolongando fases remotas ya no es solo una medida de eficiencia operativa, sino una respuesta directa al imperativo climático y a los compromisos de reducción de emisiones. Esto plantea una pregunta inevitable para el diseño regulatorio: ¿es posible acompañar una movilidad híbrida sin generar desplazamientos innecesarios derivados exclusivamente del cumplimiento formal del estatus migratorio?

En paralelo, el componente social y de gobernanza del ESG también atraviesa estas decisiones. Asignar talento extranjero implica evaluar seguridad jurídica, reconocimiento de estructuras familiares diversas y coherencia con políticas corporativas de diversidad e inclusión. Para muchas organizaciones, rediseñar la movilidad es una forma de proteger su talento y evitar exposiciones personales, legales o reputacionales incompatibles con sus estándares globales.

Hoy, la movilidad corporativa empieza a reflejarse en reportes de sostenibilidad, análisis de riesgos y procesos de due diligence asociados a la operación en Colombia. El derecho migratorio deja de ser un trámite aislado y se integra a una conversación más amplia sobre gobernanza, responsabilidad empresarial y competitividad país.

El reto no es limitar la movilidad, sino orientarla estratégicamente. En un entorno donde los compromisos de Net Zero influyen en decisiones reales de inversión, la forma en que se mueve el talento importa tanto como el talento mismo. No se trata de quedarse más tiempo, sino de moverse mejor.

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