Sábado, 21 de marzo de 2015

A su vez, el documento presenta experiencias de diversos países, que muestran los beneficios de las políticas ambientales en términos de generación y calidad del empleo, a la vez que se generan oportunidades de inclusión social a poblaciones vulnerables. 

Como ejemplo de ello, hace referencia a que los pagos obtenidos por comunidades rurales y costeras para proteger los bosques, gestionar el agua o producir energías renovables pueden compensar los costos de oportunidad de los servicios medioambientales prestados y reducir la pobreza.  ¿Somos conscientes de ello?

Se cumple el plazo establecido para lograr las metas establecidas en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y la Organización de las Naciones Unidas, particularmente el Consejo Económico y Social (Ecosoc), viene promoviendo la negociación de un documento que se convertirá en la carta de navegación de los Estados y de la comunidad internacional en su conjunto para avanzar en la superación de la pobreza. Este documento, lo han denominado los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que integra las dimensiones económica, social y ambiental del desarrollo. 

Al igual que en el documento de la OIT al que se hizo referencia, el trabajo decente aparece en el centro de la agenda para el desarrollo, se afirma en escenarios del más alto nivel que sin trabajo decente no es posible el desarrollo sostenible, lo que constituye un llamado de atención a que reflexionemos sobre la manera en que podemos avanzar hacia el trabajo decente, será el aporte del mundo del trabajo al desarrollo de la sociedad global.

Ya en artículos anteriores hemos abordado el tema del trabajo decente, que implica el respeto y vigencia de los derechos fundamentales en el trabajo (libertad sindical, asociación, negociación colectiva – igualdad de oportunidades y de trato en el empleo y la ocupación – abolición del trabajo infantil – prohibición del trabajo forzoso), la extensión de la seguridad y protección social a todos los ciudadanos, la creación de empleos que otorguen seguridad a los trabajadores y el diálogo social. 

Podemos afirmar que aún nos resta mucho camino por recorrer para alcanzar el trabajo decente, para entender su contenido y alcance, para llevarlo a cada decisión que se adopte a nivel de la empresa micro, pequeña, mediana e incluso multinacional, a nivel del departamento y municipio o a nivel de los sectores de la economía, y ahora nos plantean el desafío de integrarlo a las dimensiones económica y ambiental. 

El concepto de trabajo decente apareció en 1999, pasó casi una década para que en nuestro país empezáramos a entender la potencia de este concepto, hasta solo hace unos años en Colombia se empezó a tratar el tema, ojalá no ocurra lo mismo con el desafío de integrarlo a lo económico y a lo ambiental.