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Catalina Cárdenas Flórez - ccf@sfa.com.co miércoles, 8 de abril de 2020

A las malas y sin tiempo de ensayar, muchos nos hemos visto abocados a incursionar en algo a lo que estábamos reticentes o tratando de evitar: el teletrabajo o trabajo en casa.

Sin duda, la situación que atraviesa no solo Colombia sino el mundo entero impone fuertes cambios para todos desde diversos puntos de vista, y uno de los sectores que enfrenta mayores desafíos de adaptabilidad, es el laboral.

Hoy, para muchas empresas e incluso profesionales independientes sin importar el sector de la economía, el “home office” o ejecutar labores desde casa no es una prerrogativa, es una obligación para mantenerse vigentes en el mercado buscando ser competitivos frente a los servicios que ofrecen a sus clientes y proveedores.

Pero, ¿estábamos listos?

La respuesta es no, o por lo menos no todas las empresas lo estaban, evidentemente la coyuntura del Covid-19 será recordada, entre otras muchas cosas, por ser el punto de quiebre entre el trabajo presencial y el trabajo remoto, no sólo entendiéndolo desde la perspectiva de la ubicación, sino asumiéndolo como un cambio cultural dentro de las organizaciones.

Tuvimos solo unos pocos días para asumir la contingencia y buscar respuestas rápidas, lo que nos llevó a confiar y entender que el trabajador puede ser productivo aún sin cumplir un horario estricto de trabajo o incluso laborando mucho menos tiempo que un trabajador regular, tuvimos que comprender que se debe ser eficiente por cuenta propia sin que un jefe esté presionando por metas, tuvimos que asumir la responsabilidad y mostrar resultados de calidad sin desperdiciar el tiempo.

Este ensayo a gran escala en el que nos vimos obligados a participar, evidentemente va a implicar un cambio en la relación trabajador - empleador, rompiendo paradigmas e invitando a confiar el uno en el otro, valorando no solo el “presentismo” que implica acudir a un ambiente laboral físico, sino apreciando la productividad y la responsabilidad, pasando a plantear consigo diversos retos desde el punto de vista legal, tecnológico y profesional, reiterándonos que el derecho laboral debe ser dinámico y adaptable a los desafíos que el mundo moderno y las relaciones económicas trazan; retos que tanto los empleadores como los trabajadores debemos asumir apoyados de las diversas ayudas tecnológicas con las que se cuenta hoy en día, las que inclusive nos permiten interactuar laboralmente con un equipo de trabajo de forma remota.

Sin duda es un camino largo que hasta ahora comienza, habrá aciertos y desaciertos y cada compañía y profesional deberán acomodarse según su modelo de negocio a la forma en que optimicen sus recursos para superar esta coyuntura, pero el “home office” o trabajo en casa sin duda es una realidad y no una simple posibilidad como lo veíamos hasta ahora.

El mundo ya cambió y del compromiso entre empleadores y trabajadores dependerá el éxito o el fracaso de las nuevas dinámicas laborales. Seguramente un punto intermedio entre el trabajo presencial en oficina y el trabajo en casa será el ideal para una relación laboral armónica y eficiente, pero en el entre tanto, debemos estar dispuestos a adaptarnos al desafío, aprender las lecciones y asumirlas en nuestro día a día.

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