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Juan José Castro Muñoz - castro.juan@castropelaez.com lunes, 16 de diciembre de 2019

El oxímoron es una figura literaria donde en la misma frase se plantean antónimos, palabras opuestas en su significado. Pero ese supuesto literario es aplicable a muchísimas facetas. Personales, laborales, éticas y sociales, este concepto es tan importante que nos permite identificar argumentos incoherentes, comportamientos incongruentes así como discursos contrapuestos desarrollados por la misma persona.

¿Qué ejemplos hay de esta figura literaria?

El más perfecto es el populismo punitivo. De un lado, los políticos que incurren en esta practica, bastante lucrativa en términos de popularidad, se presentan como salvadores frente a fenómenos delictivos muy sensibles presentando iniciativas para modificar la normatividad, pero del otro lado se rasgan las vestiduras con fenómenos como el hacinamiento carcelario. Independientemente que las iniciativas descritas sean francas o no, de la mano del baño de legitimidad para los políticos, viene en contraprestación, para la comunidad académica (cada vez más sola y sin respaldo) un baño de criticas y calificativos, por evidenciar algo que se ha dicho hasta el cansancio y no es otra cosa que este tipo de iniciativas no guardan ninguna relación con una política criminal organizada y congruente con la realidad social colombiana ni mucho menos con el sistema punitivo colombiano. Como el mito griego de Sísifo, penalistas mostramos la inconveniencia, incluso, imposibilidad jurídica, económica y practica de las iniciativas populistas, sin éxito, empujando una roca sin descanso que siempre rodará cuesta abajo.

¿Quiénes son oxímoronores?

Son los políticos con discursos como por ejemplo: “Nos preocupa el sistema judicial, su celeridad y el fenómeno rampante de impunidad, por esta razón impulsaremos reformas tendientes a hacer imprescriptibles los delitos que se cometan en contra de menores de edad así mismo promoveremos la cadena perpetua para perseguir delitos sexuales en contra de nuestros niños. Este es un fenómeno que tenemos que reducir cuanto antes, por esta razón, acompañaremos las medidas mencionadas con la erradicación de beneficios procesales en contra de estos delincuentes, estos miserables no pueden tener rebajas de pena ni tratamiento especial alguno en la ejecución de su condena. En lo referente al hacinamiento carcelario promoveremos la creación de nuevos cupos carcelarios, con nuevas mega cárceles que nos permitirán darles condiciones dignas para que pasen el resto de su vida”. Que contradicción por Dios.

Inicialmente debo decir que esta sociedad esta enferma de retribución, hemos pagado tantos ojos que ya ni los dientes alcanzan. Es el momento para que los abogados, y en general para toda la sociedad, decidamos en que lado estamos, bien sea como parte del problema o la solución. Cada uno en su ejercicio debe aportar para evitar el colapso. El sistema penal no resiste más, la prevención general negativa fracaso por la impunidad misma, el afán de perseguir nos llevo a no castigar a nadie y las pocas herramientas procesales, diseñadas en su gran mayoría para hacer más célebre el sistema se están extinguiendo, bien sea porque el Congreso las elimina o porque la Sala penal de las Cortes restringen su alcance haciéndolas prácticamente inservibles. Es el momento de la sensatez y exigir esta en los ejercicios legislativos. Salgámonos de lo técnico y vamos a lo empírico, hemos aplicado siempre la misma solución a los problemas, más represión, más delitos, menos beneficios procesales y punitivos. ¿Ha servido?

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