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Miércoles, 18 de marzo de 2015

Para ello es importantísimo no perder de vista que la posición que Roy Chaderton ocupa en la actualidad es la de embajador de la República Bolivariana de Venezuela ante la Organización de los Estados Americanos (OEA). 

Y aunque ya se disculpó públicamente, ello no facilita que desaparezca lo que muchos piensan sobre su actitud.

Por simple lógica diplomática, el embajador Chaderton, lejos de un sentido real de la función que le corresponde, ha logrado algo que cualquier líder adscrito a su área de trabajo tendría que evitar a toda costa. 

Él, con sus intervenciones (no sólo la más reciente sino algunas otras dirigidas contra funcionarios de alto nivel al interior de la OEA y de otros gobiernos), ha logrado marcar posición y agudizar el grado de polarización que en la actualidad exterioriza el país que representa. 

En sus apreciaciones divide a Venezuela entre “escuálidos” y “patriotas”. Otorga a las personas opositoras el rótulo de “escuálidas, con cabezas huecas”, mientras se cautiva con el hecho de que los disparos en ese tipo de cabezas le transmitan bienestar a la nación bolivariana.

Tal como se puede transcribir de la entrevista que dio al programa citado, la semana pasada, el mensaje fue brutal: “Las bombas son generosas en el sentido que se reparten por igual entre todos los que se encuentran por delante. Las armas cumplen la misma función, los francotiradores apuntan a cabezas, pero llega un momento en que una cabeza escuálida no se diferencia de una cabeza chavista. Salvo en el contenido. El sonido que produce en una cabeza escuálida es mucho menor, eso es como un chasquido, porque la bóveda craneana es hueca, (…) entonces pasa rápido. Pero eso se sabe después que pasa el proyectil.”

Aunque Chaderton hacía alusión a que las balas disparadas podrían provenir de fuerzas extranjeras (Estados Unidos) que, en cualquier momento conseguirían llegar al país a tomar control del gobierno mediante un posible golpe de estado, su mensaje no cayó para nada bien en amplios sectores de la región latinoamericana. 

Antes que eso, sus palabras continúan develando la descomposición de un régimen que justo acaba de otorgar medidas especiales al Ejecutivo para que se diluya aún más la frontera tan necesaria entre las ramas del poder.

El domingo anterior el presidente venezolano Nicolás Maduro fue investido por poderes especiales que le permiten tomar decisiones sin consultar al máximo, y más legítimo poder de las democracias (el legislativo). 

Junto a ello es preciso también recordar otro episodio reciente en el que el poder judicial actuó de manera sumisa ante el Ejecutivo, cuando el Tribunal Superior de Justicia siguió sus instrucciones para pronunciarse frente a las sanciones impuestas por Estados Unidos a algunos funcionarios del país.

Las funciones del embajador venezolano ante la OEA han estado orientadas todo el tiempo hacia la crítica de las labores de la organización y su Secretario General, a quien (absurdamente) ha tipificado de ultraderechista. 

Para notar la incoherencia, sólo basta recordar los orígenes de Insulza (el secretario) y la oposición por parte de Washington para que este ocupara dicho lugar. 

Roy Chaderton es uno más de esos funcionarios que se expresan sin fundamento, reflejando el rostro de un régimen descompuesto.
 

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