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viernes, 8 de mayo de 2015

No olvidemos que en nuestras costumbres gastronómicas, soplamos las bebidas calientes, sorbemos el tinto cuando no lo dañamos  echándole panela y muchos aún usan el palillo como herramienta para retirar algunos residuos de los dientes.

En el exterior extrañamos el caldo de costilla, el calentado con fríjoles del día anterior, añoramos el sushi, pero su chicharrón, propio de la cultura heredada de los españoles, así como la lechona y la morcilla y todo lo que encierra las famosas picadas de nuestro país.

También son colombianadas, la aguapanela, una sopa extraña con leche que llamamos changua, las famosas empanaditas con el tradicional ají y los huevos que preparan en la calle con mantequilla y dentro de una arepa, que inevitablemente nos retuerce el estómago, debiendo dar una carrera al baño más próximo.

Recordé en el exterior que tenemos arraigado el típico paseo de olla, con el sancocho de cada región, los asados con cerveza, el llamado canelazo, que es aguapanela con aguardiente entorno a una fogata y el tradicional refajo, que es cerveza con colombiana. 

Otras colombianadas son las formas de ahorrar en la casa, con una botella en la cisterna del sanitario para evitar que se llenen los 12 litros de los antiguos baños, un imán en el contador de la luz para que este no corra, un candadito en los viejos teléfonos de disco para que no hicieran llamadas a hurtadillas y una antena parabólica para bajar todos los canales sin pagar televisión por cable.

También cortamos las servilletas a la mitad para que rindan mucho más, nos llevamos de las cafeterías los sobres de azúcar que no usamos, metemos las pilas al congelador de la nevera para que se recarguen y nos llevamos el jabón de manos del hotel para ponerlo en el baño auxiliar de la casa.

Aunque es ilegal, también encontramos el tradicional rebusque que empieza con el madrugón, que son promociones desde las cinco de la mañana, la perorata con el megáfono anunciando cualquier producto que lo compramos con tal que se calle por un momento, los minutos de celular que venden en la calle y las películas y canciones que podemos escoger e incluso encargar al imitador que hace show en la calle. Tenemos muchas colombianadas a la hora de las compras, no rechazamos una degustación así no tengamos hambre, recibimos todos los productos que estén dando regalados en promociones así no lo usemos, siempre regateamos el precio así esté barato, algunas veces pedimos la ñapa o el vendaje y desde luego tocamos los aguacates para determinar su madurez y en caso de que esté verde lo envolvemos en papel periódico para que madure.

Colombianadas también son las prácticas sociales que a lo largo de nuestra vida nos han rodeado, la rifa para el paseo de fin de bachillerato, el bazar para pagar la operación, la natillera para las muletas y el bingo para los niños con discapacidad.

Otra colombianada, es adornar nuestras conversaciones con palabras en otro idioma, O.K , de o killed, en español cero muertos, pedir que nos dejen en el romboy, cuando es rondpoint, que en francés traduce rotonda y desearle que ojalá salgan las cosas, es decir que Alláh quiera, cuando en realidad somos mayoritariamente católicos.  

En cuanto a los juegos o deportes propios de las colombianadas, tenemos el turmequé o tejo que naturalmente se debe jugar echando pola, la rana, que se juega con música popular acompañada de cerveza, el amigo secreto, donde nunca nos regalan lo que queremos, ni algo equivalente al valor de lo que nosotros dimos.

Tenemos otras tradiciones propias de las colombianadas, lo que llaman la fiesta brava o las corridas de toros, que en medio de sangría, sangre y vítores, aumentan nuestra violencia, el rejoneo, la pelea de gallos y el salvaje coleo, donde se jala una vaca por el rabo hasta que dé la vuelta.

Por último, en el exterior añoramos las colombianadas de fin de año, la atragantada de 12 uvas, la ropa interior amarilla, los adornos de Santa Claus en invierno cuando en el país estamos en verano, la canción de Buitraguito de “yo no olvido el año viejo…” y la de “faltan cinco pa las doce”, que nos produce mucha nostalgia. 

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