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Miércoles, 11 de febrero de 2015

No existe una categoría homogénea sobre el perfil adecuado para el individuo que ejerce funciones en el servicio exterior. 

Salvo la importancia manifiesta hacia unos pocos lugares considerados “estratégicos” para los “intereses nacionales” del país, lo que suceda y deje de suceder con los demás parece tener sin cuidado al Presidente de la República, quien sigue nombrando funcionarios, en su mayoría, para expresar complacencia frente a quienes le han apoyado para mantenerse en su posición.

Con los últimos nombramientos conocidos por la opinión pública, son muchísimos quienes se lamentan de hechos tales como, por ejemplo, el retiro del cónsul de Colombia en París, pues con ellos se ha evidenciado claramente que no por hacer bien las cosas, se recompensa a los funcionarios. 

Igual sucede con el cargo de cónsul en Nueva York. La llegada de María Isabel Nieto ha generado cualquier cantidad de críticas, pues a pesar de su vasta experiencia en el quehacer político interno, no hay un récord que le favorezca en funciones del servicio exterior. 

A ello se suma que con las declaraciones entregadas a un medio de comunicación, quedó claro que su búsqueda de una vida más tranquila, y la opción de instalarse y adaptarse a la Capital del Mundo, son sus dos grandes retos para los meses por venir.

Otro aspecto no menor es lo que se desata por el manejo que hacen de la información los medios de comunicación. En casi todos ellos se ha insistido en el nombramiento del “doctor Claudio Galán”. 

En la detallada búsqueda de información para construir esta reflexión, nunca se pudo identificar doctorado alguno cursado por el señor Galán. Esto es, Claudio Galán no es doctor, así los medios de comunicación, en su mayoría, insistieran en presentarlo como tal. 

Quizá esto no sea relevante en realidad, pero es bueno aclarar que en Colombia los doctores son pocos y, en su mayoría, están muy lejos del pantanoso mundo diplomático.

Esta columna es muy breve para tener la posibilidad de analizar caso por caso de los nombramientos hechos entre noviembre y este mes de febrero, en lo que al servicio exterior se refiere. 

Sin embargo, al recoger las informaciones y validarlas no es trabajo complicado establecer líneas similares a lo que sucedía con su antecesor Álvaro Uribe Vélez. Se ubica a muchas personas en cargos diplomáticos sin tener la capacidad, destrezas y conocimiento para ejercer tales funciones. El pago de favores políticos se mantiene a la orden del día.

Ahora bien, no todo puede aparecer tan desilusionante como hasta acá se ha citado, pues algunos de los cambios propuestos le harán bien al país. 

Para resaltar movimientos como el de Francisco Javier Echeverry. Este funcionario, con 25 años de experiencia en la carrera, bien pudiera demostrarle a muchos cómo trabajar al interior del servicio diplomático nacional. 

El nombramiento de Diego Cardona (quien sí es doctor del Institut Des Hautes Études Internationales, en Ginebra) en Egipto es, sin lugar a dudas, otro acierto del Ejecutivo. Cardona ha demostrado tener las cualidades y capacidades para leer el mundo desde variadas perspectivas. 

Son nombramientos que se equiparan al gran acierto del presidente cuando nombró al embajador Borda en Uruguay, por ejemplo. 

Unas de cal, otras de arena. Lo cierto es que no todos van “por un nuevo país”, sólo algunos lo harán.

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