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Miércoles, 10 de septiembre de 2014

No se trató de un texto cualquiera, sino más bien de la adaptación de una de las oraciones más importantes de catolicismo (cristianismo). Las reacciones desde diferentes sectores no se hicieron esperar, pues mientras para algunos el hecho se interpretó como una excelente adaptación a los acontecimientos que rodearon la vida y obra del fallecido presidente, para otros es una aberración que atenta contra los valores y preceptos de uno de los principios culturales más arraigados en América Latina.

El contexto no puede ser más polémico. Venezuela es un país que, de acuerdo con la organización Catholic Hierarchy (http://www.catholic-hierarchy.org/country/sc4.html), tiene 24,8 millones de católicos; es decir, el 87,8% de la población. Para esa gran mayoría católica el “Padre Nuestro” es una de las principales oraciones de su credo religioso, por lo que ya se han presentado millones de voces de protesta contra la adaptación realizada y leída por María Estrella Uribe en el citado evento. 

Y es que definitivamente no hay que afiliarse al catolicismo para entender que en tal situación se está agrediendo el estamento religioso y cultural profesado por una comunidad. 

Las que se siguen son las líneas escritas por la delegada en cuestión: “Chávez nuestro que estás en el cielo, en la tierra, en el mar y en nosotros, los y las delegadas, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu legado para llevarlo a los pueblos de aquí y de allá, dadnos hoy tu luz para que nos guíe cada día, no nos dejes caer en la tentación del capitalismo, mas líbranos de la maldad, de la oligarquía, como del delito del contrabando, porque de nosotros y nosotras es la patria, la paz y la vida. Por los siglos de los siglos amén. ¡Viva Chávez!”

Puede señalarse que hasta acá el hecho podría simplemente no pasar de allí y quedarse en lo anecdótico y folclórico del “realismo mágico” que la delegada tiene en su ser. 

No obstante, los detalles han trascendido hacia una confrontación directa entre importantes sectores eclesiásticos que exigieron que la novedosa “oración” fuera echada al olvido (incluso prohibida) y el presidente de la República venezolana, quien se sintió identificado con su letra y total contenido. 

Lo sucedido no es nada distinto a una nueva puerta que se abre para la división en Venezuela. Esta vez, entre quienes están de acuerdo con la manipulación de una de las más tradicionales y emblemáticas oraciones de la iglesia católica (habría que insistir en que culturalmente el catolicismo tiene una fuerza insospechada en la Región), y entre quienes rechazan que esto se haga.

 Además, nuevamente el paradójico e inestable presidente Maduro da pasos en falso. De un lado señala que es un ser estricto y profundamente católico y de otro aplaude la manipulación del Padre Nuestro, en beneficio de su nuevo dios, Hugo Chávez Frías.

A la candente situación del país ahora se agregan más ingredientes que continuarán facilitando vías hacia la polarización. Y todo porque en el escenario expuesto, una vez más, la figura central es el presidente de la República. 

En la escena pública ha quedado el debate entre Nicolás Maduro y el cardenal Jorge Urosa Sabino, quien apoyado en los obispos que militan en el país, defiende la doctrina cristiano-católica y se opone al manoseo de sus oraciones. El presidente católico, por su parte, dice que hay que promover el hermoso texto.

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