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Expansión - Madrid martes, 19 de mayo de 2015

El caso de Riverview Law, la compañía de la que es consejero delegado, ha roto los esquemas en un sector en el que pocos se han atrevido a traspasar las reglas establecidas. La oferta de un modelo de precio fijo para todos sus servicios, que permite a los clientes conocer con certeza el presupuesto final, combinada con el uso intensivo de la tecnología, ha despertado el interés en la búsqueda de nuevas fórmulas para en la abogacía.

En una entrevista concedida a Expansión en el marco del I Congreso de la Abogacía Madrileña, el directivo británico se muestra especialmente crítico con el proteccionismo que impera en el sector y con los modelos tradicionales de facturar a los clientes.

Además, cree que cuestiones como que el dueño de un despacho tenga que ser un abogado han dejado de tener sentido: “¿A alguien le preocupa que el dueño de una compañía de teléfonos sea telefonista? A los clientes no les importa la estructura o la propiedad de la firma, todo lo que quieren es obtener un servicio legal con costes efectivos. Que el despacho lo dirija un abogado no es un valor añadido para el cliente, es irrelevante, pero a los abogados les gusta que sea así, porque les protege de la competencia”.

Según explica, “los pequeños emprendedores no tienen posibilidad de acceso a la Justicia por el alto coste de los servicios legales y esto se debe a la protección que ha tenido el colectivo”.

Chapman opina que las firmas legales han tenido excesivos beneficios, con amplios márgenes, lo que ha dificultado que nuevos agentes entren en el mercado ofreciendo un servicio mejor a precios más bajos. “Los precios están muy altos y son insostenibles”, advierte.

En su opinión, el precio es una cuestión importante para la mayor parte del mercado, excepto en algunos casos determinados. Por ejemplo, “si se trata de una cuestión legal crítica para la empresa importa menos cuánto haya que pagar, hay que buscar al mejor para que lo solucione”.

Sin embargo, en el resto de casos, “el precio es importante, pero aún lo es más saber con certeza cuánto te va a costar”. Explica que el problema con los modelos actuales de tarifas es precisamente eso, que se desconoce el precio de antemano: “Es un riesgo que asume quien contrata un servicio legal, frente al proveedor de ese servicio, que no asume ningún riesgo”.

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