Andrés Felipe Hoyos Martes, 8 de agosto de 2017

El fanatismo desmedido hace rato viene rayando en el absurdo supuesto del espiral del silencio, cuyos rebaños enceguecidos van aplaudiendo sin cuestionamientos las irresponsables sandeces de los líderes que desvirtúan el mensaje de amor, equidad e inclusión que Dios en más de 2000 años se esmeró porque aceptáramos. Una “papisa” que no recibe en el púlpito a los discapacitados, un ex Procurador que procura marginar la igualdad, y una ex Fiscal que quiere convertir el partido liberal en un fortín ultraconservador que casi que alimenta a los leones con homosexuales, son las perlas ideológicas con las que tenemos que lidiar, Dios y el resto de mortales, al calor estratégico de cualquier pronunciamiento insensato.

Ya suficiente locura tenemos que aguantar en redes sociales con los que envían bendiciones y fortuna, mientras comparten en sus perfiles cualquier cantidad de improperios, rencores y cadenas que finalizan con un Amén, para tener que enfrentarnos también con estrategias mercantiles y baratas que disminuyen el mensaje de paz, reconciliación y amor de Dios, y lo tergiversan con tirantas maquiavélicas excluyentes a una sociedad que se está acostumbrando a satanizar los comportamientos a expensas de polarizaciones sin mediación.

La irresponsabilidad de estos líderes no sería un problema coyuntural, si la capacidad crítica de sus fieles entrara en razón con la lógica humana y con el mensaje real que profesan. Hoy tristemente, cualquier persona que piense diferente o cuestione esas arbitrariedades, es catalogada y condenada socialmente como enemiga de ese ser supremo aburrido y malgeniado que nos quieren pintar los incoherentes extremistas que tristemente ven en Dios una posibilidad para obtener votos o para llenarse sus macabros e insensatos bolsillos.

Pareciera un chiste, pero al ver las noticias o leer la historia, hubo gente que siguió a Hitler, murió por Hussein, luchó por Bin Laden, celebró las bromas de Chávez o peor aún, todavía defiende a Maduro. Así de ridículos y absurdos se ven los que evocan a Dios utilizándolo para hacer todo lo contrario a su mensaje; polarizando, criticando y satanizando, mientras la masa impermeable y radical se mueve sin cuestionar, y compra a cualquier precio mensajes como: “Yo voto por el que diga fulano”.

Es muy difícil escribir sobre Dios sin caer en estigmatizaciones radicales de un lado o de otro, pero apelo al buen juicio del Dios alegre, amoroso e incluyente en el que creo, para pedirles a quienes ensucian su nombre con descarados oportunismos, ¡basta ya de aprovecharse de la gente! Utilicen ideas y planteamientos sin recurrir a las carencias mentales de quien los sigue.

Llegó un punto en que la opinión pública, el debate y la información en general, merecen un poco más de sutileza en los contenidos. Sea cual sea la posición o planteamiento del líder, no hay derecho a que se utilicen de forma descarada los dogmas para mezclar de la forma más vil, condenables propuestas como la de marginar a personas porque su fisionomía no está completa. A ese punto hemos llegado, en el que cualquiera que quiera subir a un púlpito o pertenecer a una corriente, tiene que tener la gracia y la belleza de la señora María Luisa.