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Andrés Hoyos viernes, 26 de abril de 2013

Y es que no es la primera vez que vemos en las calles a detractores de este intento “diabólico, enfermizo y sucio”, como algunas respetables autoridades y representantes de nuestra constitución incluyente lo llaman, dando declaraciones en medios de comunicación, en reuniones sociales o en uno que otro almuerzo de trabajo a favor de la “igualdad, dignidad y representación” de nuestra carta magna.

A todos ellos, dignos representantes de nuestros intereses, me gustaría decirles que si tan solo voltearan su cabeza, podrían ver a alguien que posiblemente y de forma tímida se “esconde” y que simplemente, al igual que todos, quiere que no se metan ni decreten a quien escogen como compañía en su vida.
 
Muchos representantes que están en contra de esta unión marital, y de los cuales se tomaron la molestia de ir al Congreso a votar, argumentan posibles casos de engaño al sistema para reclamar pensiones, derechos, herencias y otros beneficios legales otorgados por la Constitución Nacional, lo cual, según ellos constituiría un desfalco económico en las diferentes entidades que tendrían que responder de cara a una eventual pérdida de alguna de las dos personas que constituyen esa unión. 
 
La noticia para estos detractores es que ese caso pasa todos los días en las uniones “normales”. Gente que arregla matrimonios, edita fotografías e inventa historias para no perder la pensión del “fulano”, es el resultado de un sistema débil que “obliga” a buscar la trampa a cada norma que existe. Con esto, ni mucho menos, se está justificando ni exaltando el engaño, por el contrario, se está invitando a que nuestra justicia débil integre una mayor capacidad de control para que éste, el engaño, no sea efectivo y así, de una buena vez, dejen de crear “cortinas de humo” ridículas que lo único que hacen es generar una mayor desigualdad por parte del Estado. Por otra parte, hay algunos detractores, grandes eminencias del campo médico-científico que se atreven a dictaminar causas “malignas, enfermizas y virales” en estos “pacientes” “de otro mundo, antinaturales” que ven en su mismo sexo la respuesta afectiva, social y legal que otros no pueden darle. Pensadores modernistas que posan su lucidez en el honorable recinto donde se debaten las leyes de este país y que ejercen de próceres, voceros y representantes de la voz del pueblo, una voz que lamentablemente NUNCA es tenida en cuenta.
 
El proyecto de ley estatutario que necesitaba una mayoría calificada de más de 51 votos para que pudiera avanzar al tercer debate, dejó esta semana una gran incertidumbre después de varios aplazamientos que para lo único que sirvieron fue para generar alianzas partidistas a favor del hundimiento de la norma. En conclusión y lo único que demostró y para lo que sirvió este proceso, fue para “llamar a lista” a los honorables representantes de nuestra Constitución, pero infortunadamente algunos se encontraban en las mencionadas tertulias de trabajo, una que otra comida de socialización, o peor aún, un compromiso ineludible que representaba la eventual defensa de una mayoría significativa que hoy no se siente incluida ni auspiciada por nuestra Ley “igualitaria”. Yo no soy un respetable representante de las mayorías, no soy un mártir de la sociedad, no soy un luchador incansable de las causas del pueblo, no soy un Alcalde genial que gobierna a pesar de sí mismo por diferentes redes sociales; no, yo solo soy un ciudadano que pronto será papá y que posiblemente por cosas de la vida, tendrá que defender a capa y espada los gustos de su hijo, que sea cuales fueran, posiblemente no serán tenidos en cuenta en éste, el “país más feliz del mundo”.
 
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