Salud Hernández Mora Jueves, 12 de julio de 2012

Los abogados penalistas se volvieron estrellas multimillonarias. Están más en los medios que en los tribunales. Y algunos no solo son defensores, también asesores financieros, empresarios, jefes de unos despachos que le apuntan a todo. Uno de ellos es el polémico letrado costeño Abelardo de la Espriella, que con solo 33 años se hizo un hueco entre los más poderosos.

 ¿Es mejor ser abogado de farándula que de parapolíticos?
Es mejor ser abogados de empresarios porque por lo general no tienen problemas con los honorarios, tienen solvencia para pagarlos. Los políticos son los peores clientes que puede haber para todo en la vida, y los de farándula a veces no tiene la capacidad de pago.

¿Con la famosa Dania fue más manager que abogado?
Lo que desde el primer momento entendí -yo soy un abogado con visión empresarial- es que había un negocio allí y no era defenderla de una demanda porque no había causa jurídica contra el gobierno americano ni del gobierno americano contra ella. Vi una oportunidad para vender la historia, hacer unas fotos, una serie y escribir un libro. Se firmaron negocios y se generaron unas buenas ganancias para ella y para la firma.

¿Es un despacho de abogados o de negocios?
Nosotros funcionamos como una firma americana, al mejor estilo de Nueva York o Boston, tenemos departamento de Derecho civil, laboral, comercial, de familia… quien viene a nuestra firma por un proceso penal y tiene ganas de separarse pues hay una abogada de familia que le lleva la separación y la liquidación de su sociedad conyugal. Los penalistas somos los más conocidos pero llevamos procesos en todas las ramas.

Si entro por la puerta, ¿intentan engancharme en todo?
La idea es que el cliente que venga, no se vaya. Quien te entrega un proceso penal te entrega cualquier proceso porque lleva implícito la libertad de una persona y eso es tan importante como la vida misma. Yo no soy de la clase de abogados que vive hablando paja, yo soy la clase de abogado que saca a la gente de la cárcel y le resuelve los problemas. Tenemos directores de área para todas las especialidades, llevamos más de mil quinientos procesos, yo no atiendo todos los casos que no son penales, pero los reviso, todos pasan por mis manos.

¿Cree que los empresarios serios confían de un abogado de farándula?
El domingo tuve una audiencia de once horas donde saqué al pastor al que todo el mundo le quería caer y me batí como un león con el juez, con la Procuraduría y la Fiscalía en contra. Yo creo que el abogado debe acudir a todas las causas que le contraten. Dice que en el tema de la farándula hay algo light. El caso de la señorita Valle que sacaron por nalgona, por ejemplo, es la primera vez que se reintegra a una reina y fue una de discriminación, se creó un precedente judicial. El tema de Natalia París parece light pero se creó otro precedente importante porque cuando se vulnera el buen nombre de las personas, una publicación no puede hacerlo impunemente.
Yo hice que retiraran el libro del mercado por primera vez en Colombia vía tutela. A mí no me gusta tanto la plata como generar precedentes judiciales. Yo doy resultados, soy bueno en lo que hago.

¿Se puede ser abogado penalista si no sabes tratar con periodistas?
Difícil. Quien no comprenda la importancia de los medios debe dedicarse a otra rama del Derecho porque a veces los veredictos mediáticos son más contundentes que los judiciales. Los medios surten un influjo muy fuerte sobre los jueces, que se supone toman decisiones en derecho y de acuerdo a la realidad procesal, y el abogado tiene que saberlo. Es obligación defender al cliente en los medios, yo no soy un abogado vergonzante que no pone la cara. Aquí la usanza ha sido contratar a unos segundones para que firmen los procesos y quienes reciben los honorarios son encopetados abogados que van a hablar mal en los cócteles bogotanos de esos procesos.

¿Cuál fue el más malo de todos sus clientes?
Yo, que he trabajado con clientes de todo tipo, creo que los más peligrosos son los políticos porque es la suma de toda la miseria humana.