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Alejandra López - mlopez@larepublica.com.co Viernes, 30 de septiembre de 2016

Varios años después, ya con la conciencia más clara y una vivencia más cercana de la realidad, me di cuenta que uno de los factores causantes de estos problemas era la falta de oportunidades para los colombianos. 

Veía madres en la calle buscando un sustento para su familia a través de una economía informal, a jóvenes capacitados para un nivel de trabajo superior el cual no desempeñaban, a colombianos luchando por mejorar sus estándares de vida sin resultados positivos, debido a la falta de oportunidades laborales. 

Aunque todavía hay muchos problemas por resolver en nuestra sociedad, como seguridad, salud y educación, el empleo en mi opinión es un tema crucial para el desarrollo económico del país. 

Creo firmemente que el tratado de paz con las Farc le abre al país una nueva puerta para darle a sus ciudadanos nuevas oportunidades, puesto que, desde la perspectiva internacional, y al haberse declarado Colombia un estado en paz, le va a generar al mundo entero la confianza necesaria para que los inversionistas pongan sus ojos en el país.  

Por cerca de 52 años, tiempo durante el cual nuestro conflicto armado perduró, fuimos considerados como un país de alto riesgo, lo cual condujo a la inversión extranjera a abstenerse de invertir en nuestro territorio. Durante este período perdimos muchas oportunidades en desarrollo social, infraestructura, tecnología y turismo. 

Hoy, con un horizonte diferente, con todas las posibilidades para entrar en un período de crecimiento económico, las condiciones están dadas para que se generen más oportunidades laboralmente, para mejorar condiciones de empleo e ingresos de las familias. La condición para esto será trabajar unidos como colombianos y darle una opción de esperanza a un mejor país. 

El tratado no es lo que nos va a traer la paz a nuestras vidas como colombianos. Eso depende de cada uno de nosotros. Podríamos seguir viviendo indefinidamente bajo la sombra de la guerra, pero estará en cada uno de nosotros el darle la oportunidad a la paz. Ahora nosotros somos los encargados de construir la nueva Colombia.

Hoy, cuando en pocos meses voy a cumplir 18 años y ya teniendo mis raíces definidas en mi verdadero país, espero que la decisión de ayer sea la correcta. Un país con condiciones geográficas privilegiadas, potencial económico y gente valiosa y ansiosa de mejores oportunidades, merece que sus ciudadanos tengan la sabiduría de darle una oportunidad a la paz, al desarrollo y a la convivencia. Soy parte de la nueva generación que está convencida que le debemos dar un voto de confianza a la paz. 

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