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Colprensa Viernes, 12 de septiembre de 2014

La paz no hay que inventarla. Ya existe, solo que hoy convive con la guerra. La misión, entonces, es acabar la violencia y aumentar esos momentos de paz que se tienen con la familia, los amigos, los compañeros de trabajo. La reflexión la hizo Nilson Moreno de la Asociación Cristiana de Jóvenes, durante la Jornada de Reflexión ‘Violencias, Memorias y Reconciliación’, que se llevó a cabo en la Universidad Javeriana de Cali.

El encuentro, realizado en el marco de la Semana por la Paz, fue convocado por la Arquidiócesis de Cali, grupos de investigación y siete universidades, con la misión de analizar y comprender los fenómenos de violencia que se presentan en la capital del Valle.

Para Jesús Darío González, coordinador del Observatorio de Realidades Sociales de la Arquidiócesis, la actividad de ayer fue muy importante porque reunió a educadores, investigadores y organizaciones sociales, que intentaron explicar la situación de la ciudad a partir de sus experiencias.

El evento, por ejemplo, contó con la exposición de líderes sociales como Nelly Núñez, que hace 17 años trabaja con la Fundación Paz y Bien, y Nilson Moreno, que hace parte de la Asociación Cristiana de Jóvenes. Así mismo, participaron organizaciones que adelantan labores sociales con comunidades en los sectores más impactados por la inseguridad en la capital del Valle.

En la jornada se acordó realizar un encuentro entre las universidades y las organizaciones sociales de los barrios. Esta iniciativa se llevaría a cabo en el segundo semestre del próximo año.

Abuelas modelo
En el barrio Las Orquídeas, ubicado en la Comuna 14 de Cali, un grupo de ocho abuelas se han convertido en un referente de paz para los jóvenes que están en riesgo de pertenecer a grupos ilegales.

Andrés Bonilla, de la Asociación Nuestra Herencia, y Andrea Escuntar, de la Fundación Caminos, cuentan que estas dos entidades se unieron para realizar unas ‘gigantografías’ de estas abuelas, las cuales se pegaron en muros y postes del barrio y los jóvenes ven con respeto y autoridad.

Misionero de paz
El misionero keniano Kennedy Kimathi llegó hace diez años a Colombia para realizar un proyecto de evangelización con las comunidades más necesitadas. Desde hace tres años, el sacerdote realiza su trabajo social en el barrio Unión de Vivienda Popular, Comuna 16 de Cali, donde busca alejar a los jóvenes de la violencia y acercarlos a Dios. El misionero advierte que muchos menores de edad caen en la delincuencia por fallas en la formación.

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