Agregue a sus temas de interés

Agregue a sus temas de interés Cerrar

María José Zapata Giraldo Viernes, 30 de septiembre de 2016

Por mucho tiempo, pueblos enteros fueron masacrados a sangre fría, olvidados como una hoja que se lleva el viento, soldados jóvenes dieron la vida en una guerra donde primó la corrupción y la injusticia, perdiendo así el sentido humano, la sensibilidad por la vida del otro y el respeto por los derechos. Y todo en nombre de la justicia. 

Pero llegó la hora de combatir con otras armas: de cambiar las balas por argumentos, de luchar fraternalmente por la igualdad y la libertad y, al fin, ser una nación libre.

Quiero ver a un país que vuelva a creer en la paz. Como decía San Josemaría Escrivá de Balaguer: “Porque queremos la paz del mundo, del país, de las familias, luchamos. Cuando encontramos la paz, tenemos alegría”. Esa es la alegría que yo quiero para Colombia. Me imagino una Colombia en donde los más afectados puedan volver a sus casas, tener estabilidad económica y vivir dignamente con una mejor educación. Como ya no tendremos que invertir en la guerra, podremos invertir en el mejoramiento del país. Grandes empresas surgirán, crearemos lazos con otros países, dándoles más trabajo a las personas y logrando una mayor producción que bajará el costo de los productos. Eso sin contar que podríamos llegar a ser un país confiable.

Llegaremos a tener una Colombia más unida, donde podamos caminar tranquilos por las calles y estemos seguros de que nuestros hijos serán parte de un mundo más justo, más humano, donde la voz de las personas que más callan sea por fin escuchada, donde se logren ver más sonrisas y menos muerte y llanto, en donde la esperanza se refleje en el brillo de los ojos de millones de personas que decidieron dejar atrás el rencor y seguir luchando por una paz verdadera, esa que se consigue cuando logramos convivir armónicamente con aquel que piensa diferente a nosotros.

Quiero creer en un país donde la paz sea fruto de una convivencia democrática, en la que se sancione al que viola la ley para que él y otros la respeten. Un país que así como ha sabido perdonar a sus opresores, reciba de ellos un arrepentimiento auténtico por sus crímenes  y una justa reparación física y moral a sus víctimas. 

Sueño y creo en un país que respeta la democracia, en el que la libertad religiosa también cuenta para los padres que quieren educar a sus hijos según los principios. 

Creo en un país que necesita creer en sí mismo y en sus posibilidades.

Creo en un país que tiene todos los recursos naturales y humanos para ser grande y próspero.

Creo en un país libre. Yo creo en Colombia, en nuestra Colombia.