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miércoles, 12 de abril de 2017

A ninguna academia formadora se le ocurre entregar a los talentos formados a los clubes profesionales sin reservarse “al menos” 30% de los derechos económicos; la idea de las canteras es entregar talentos que luego de uno o dos años en un equipo profesional sean transferidos por sumas interesantes de dinero y recibir un buen porcentaje de los dineros recibidos por el club profesional en ese negocio. Jurídicamente hablando, no le veo ningún problema a esta práctica, tiene objeto licito y salvo que se pretenda lavar dinero, frente a las leyes colombianas no habría mayor problema en realizar este negocio.

Luego de varios escándalos con fondos de jugadores donde se ponía por delante el interés económico que el deportivo, la Fifa desde el 1 de enero de 2015 prohibió los TPO (en inglés third part ownership) que no son más que los derechos económicos de los jugadores. Para Fifa ningún tercero y se entiende como tercero cualquier persona o entidad diferente al club empleador, puede tener una participación económica en las transferencias internacionales de jugadores. Ordenado por su máxima autoridad, la Federación Colombiana modificó el Estatuto del Jugador en el mismo sentido, es decir prohibió el manejo de los derechos económicos de los jugadores en el ámbito nacional. La prohibición va hasta los propios jugadores, es decir que un jugador no puede recibir dinero por una transferencia que se haga de él mismo. Por lo tanto si se transfiere por, digamos 10 millones de euros a determinado jugador, este no podrá recibir un solo euro de este negocio. En Colombia, y esto si está permitido, se le entrega 8% de este valor como participación económica, pero salvo esta suma, está prohibido cualquier negocio con el restante 92%

La semana pasada el Tribunal Arbitral del Deporte, en sentencia de apelación sobre el tema, declaró que esta reglamentación está ajustada a derecho por lo que reafirma lo indicado por Fifa y la Federación Colombiana de Fútbol

Lo anterior no es una mera entelequia teórica jurídica; en Colombia todas, sin excepción, todas las academias, los jugadores y muchos clubes negocian los derechos económicos de los jugadores, para los formadores es prácticamente la única forma de financiarse y para el resto es un buen negocio a futuro que, como dije al principio, se ajusta a las leyes colombianas. Hasta el momento la prohibición está solo en el papel, la Federación cierra los ojos frente a estos negocios e informa poquísimo sobre el tema. Está prohibido, pero salvo la modificación del reglamento, la Federación ni lo ha indicado públicamente ni lo ha combatido, todavía hay muchísimos “dueños” de jugadores. En algún momento esta prohibición entrará en vigencia real y los clubes formadores se verán en serias dificultades para sobrevivir. No se ve en el horizonte otra fuente de financiación y las alternativas, formación y solidaridad, son muy difíciles de cobrar y ostensiblemente menos ventajosas.

Cambiando de tema, veo con muy buenos ojos la implementación por parte de la comisión disciplinaria del campeonato colombiano las altas penas a los jugadores que simulan faltas. Es absolutamente desesperante ver a todos estos jugadores hacer teatro con cualquier roce, parece que se estuvieran muriendo, con el único propósito de perjudicar al rival, ya era hora de empezar a combatir esta aburridora práctica.